ENTRAMOS en una nueva era. La anticipatoria. España combatirá el terrorismo, sin límites geográficos, a base de ataques anticipatorios. Irán se anticipa a rendirse antes de que le sacudan. Manuel Fraga hace una política anticipatoria ofreciendo diálogo a la oposición, antes de que ésta lo reclame. Y a Zapatero le anticipan que su partido se va a meter un batacazo el domingo en Madrid. Todo en estos días es anticipatorio. Desde que el presidente Aznar hizo pública su teoría de la acción anticipatoria en la lucha contra el terrorismo, entramos en el túnel de la anticipación. Que es lo mismo que estar en el de la sospecha, la suposición y los presentimientos. Se tiene la sospecha de que algo pudiera ser y nos anticipamos. Suponíamos que Irak tenía armas de destrucción masiva y lo arrasamos. Eso es anticipación. Cosa bien diferente es la certeza. Cuando se tiene el convencimiento. Eso ya es distinto. Teníamos la convicción palpable y evidente de que se estaban produciendo serias irregularidades en el transporte de militares a Afganistán, pero no actuamos. La teníamos también de que la ola de calor iba a provocar cientos de muertos, pero no movimos ni una ceja. La teníamos de que un asesino, Tony Alexandre King, veraneaba en la Costa del Sol, y no pusimos remedio. Supimos que el fuel iba a llegar a nuestras costas por toneladas y nos dedicamos a la contemplación. Tenemos la evidencia de que el IPC se nos va de las manos, pero le echamos la culpa al anticiclón. Y a los tomates. Mucho vamos a tener que cambiar a partir de ahora. Nos acaban de crear la sociedad anticipatoria. Toda una novedad. Y todos vamos a vernos obligados a acostumbrarnos a las acciones anticipatorias. A ver qué pasa el día que sospechemos que un par de burundianos nos mira mal.