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21 oct 2003 . Actualizado a las 07:00 h.UNA PUERTA no es una puerta. Puede ser una barrera si no es ancha para una silla de ruedas. Un peldaño es un infierno; diez peldaños, el centro del infierno. Un coche mal aparcado en un paso de cebra es un muro. Un coche aparcado en la plaza de un discapacitado es una putada que sólo hace un desalmado. Un semáforo que no silba es imposible de cruzar sin ayuda para muchos. Un baño sin asas puede ser otro infierno. Un tienda sin accesos prohíbe el derecho a curiosear. Una televisión sin signos es una caja de imágenes sin voz. Una biblioteca sin braille silencia siglos y siglos de literatura, de sueños, de sentimientos. Un estadio sin rampas es una trampa, la emoción sólo para unos. Una mirada de desprecio mata. El peor dedo es el índice, el que señala, el que marca distancias, fíjate en ése. No podemos creer que quien tiene una discapacidad debe ir por ahí agarrándose al rabo de las nubes, aunque muchas veces sepan volar con su mente mejor que otros. Las vallas están en las pistas de atletismo, no las podemos poner en las calles, en las casas, en el médico. Las zancadillas son despreciables, zanjas, minas cargadas. ¿Por qué no hacemos del mundo una puerta abierta de par en par para todos? cesar.casal@lavoz.es