Sosiego


ESTÁN TODOS demasiado nerviosos. Demasiado dolidos. Y muy exaltados. De no ser así no se entienden las posiciones que a raíz de la ruptura del pacto municipal de Vigo se vienen produciendo. El nacionalista Castrillo no dudará en proponer a Corina Porro para que gobierne la ciudad. La ex conselleira califica a Pérez Mariño de «alcalde ilegítimo». Y éste reconoce que nunca debió de realizar el pacto.La trayectoria de los gobiernos municipales en Vigo es de traca. Más vistosa que la de las Fallas de Valencia. Gobiernos socialistas obligados a apoyarse en tránsfugas. Alcaldes populares con mayoría absoluta, descabalgados por caprichos de sus propios dirigentes. Gobiernos nacionalistas en los que ordena, manda, decide e incordia un socialista. Gobierno de coalición en el que quieren gobernar los que están en la oposición. Es difícil encontrar, en toda la geografía española, un modelo municipal como el vigués. Una trayectoria de intolerancias, fracasos, e incoherencias tan evidente. Y ahora, vuelta a empezar. Pero con una particularidad. Que hay que hacerlo cuando Vigo parecía haber encontrado el camino para acabar con décadas de convulsión. Y que, al fin, una de las sociedades más sufridas y ejemplares de este país, se disponía a iniciar una etapa ilusionante. Pero no entendieron que la coalición, como decía el político francés Guy Mollet, «es el arte de llevar el zapato derecho en el pie izquierdo, sin que salgan callos». No es razonable, ni asumible lo que estos días sufren los vigueses. Y los gallegos. Por eso alguien tiene la obligación de poner cordura. Y tienen que hacerlo desde fuera. Quienes ostentan la responsabilidad de que no nos invada la locura. Tienen la obligación de poner juicio y sosiego en un caos que puede llevar a consecuencias imprevisibles. Y, sobre todo, de evitarnos este sonrojo.

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