Bolivia cuarteada

| CARLOS REIGOSA |

OPINIÓN

19 oct 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

ESTAMOS acostumbrados a ver Bolivia como un pequeño país encerrado en el interior de la extensísima Sudamérica. Pero en realidad se trata de una nación cuya superficie es el doble de la de España, aunque su población apenas supere los ocho millones de habitantes (el 75% de los cuales se concentran en una décima parte del territorio). Los idiomas oficiales son el español, el quechua, el aymará y el guaraní, que ofrecen un reflejo preciso de su composición étnica. Y el producto interior bruto (PIB) por habitante anda en torno a los mil dólares. Éste es el país que se cuartea. Es la nación de las grandes carencias, la más pobre de la América continental, en la que se acaban de vivir unas intensas protestas populares (con setenta muertos) que han desembocado en la huída a Miami del presidente Gonzalo Sánchez de Lozada, un gobernante de talante autoritario que se mantenía en el poder merced a un pacto político democrático y al respaldo represivo del Ejército. Las convulsiones sociales bolivianas son verdaderas revueltas populares contra la miseria, el gran azote nacional, pero surgen casi siempre vinculadas a reclamaciones concretas que les permiten aflorar y crecer. Esta vez el detonador ha sido el proyecto de exportar gas por valor de 5.000 millones de dólares a Estados Unidos a través de Chile. Pero el descontento había empezado antes, con la política de erradicación de los cultivos de coca, a instancias de EE. UU., que ha empobrecido a muchos. El proyecto de exportación de gas es, paradójicamente, la gran esperanza económica de Bolivia. Gonzalo Sánchez de Lozada ha sido víctima de su propio sometimiento a las demandas de la Casa Blanca y del FMI (que otra vez se ha cubierto de gloria). Le ha sucedido el vicepresidente Carlos Mesa, que ha anunciado un Gobierno de independientes y unas medidas de pacificación a corto plazo: elecciones anticipadas, una Asamblea Constituyente y un referéndum sobre el gas. Y todos tan contentos, como si estas promesas pudiesen solucionar algo. Pero nadie ignora que el éxito depende de EE.UU. y del FMI. ¿Acaso no percibe Bush que se está metiendo en otro charco?