LUZ INTERMITENTE
15 oct 2003 . Actualizado a las 07:00 h.LA CONCURRENCIA de varias noticias de sucesos ha suscitado un debate en algunos medios de comunicación que se han sorprendido farisaicamente del espacio y la ubicación de esas informaciones, no sin antes consumir muchos minutos en el minucioso relato de lo ocurrido con Alexander King (el presunto doble asesino de la Costa del Sol), con la fuga del menor asesino de la catana, con el juicio de los menores que secuestraron, violaron, atropellaron y asesinaron a una joven en Madrid o, en fin, con el joven aficionado del Dépor muerto de una brutal patada, y me imagino que en estos días también con la detención del asesino de la pareja de Valdepeñas diez años después de ocurridos los hechos. Mi trayectoria profesional, iniciada, es verdad, en el difícil y casi nunca bien considerado periodismo de sucesos, ha pasado por muy diferentes etapas, que van desde la crónica local a la dirección de periódicos o la corresponsalía en el extranjero. Quiero decir que conozco este oficio en la calle y también en la cocina donde se prepara ese exquisito plato que es un periódico o un informativo de radio o televisión. Por eso tacho de fariseísmo esa fingida mala conciencia de algunos periodistas que hacen actos públicos de contrición después de abrir sus informativos con copiosa información sobre cualquiera de los sucesos a los que antes he hecho referencia, como si hubiera que pedir perdón por publicar la crónica de la condición humana, que en ocasiones supera en interés a la del Ibex-35 o a lo que nos cuentan los políticos. Habría que recomendar a los fariseos de nuestro oficio un principio del periodismo: respóndase a las interrogantes clásicas de qué, quién, cómo, cuándo, dónde y por qué; jerarquícense las respuestas por su importancia y, de acuerdo a ello, dése el valor que merece la noticia, que no es otro que el que más interese a los lectores, oyentes o espectadores de televisión. O algo más sencillo: búsquese la noticia de que un niño ha mordido a un perro y no al revés. Y desgraciadamente Alexander King, la fuga del chaval de la catana, el tremendo asesinato de la joven en Madrid, la brutal patada que acabó con la vida del aficionado o la detención del autor de un doble asesinato diez años después son niños que muerden al perro y no perros que muerden al niño.