Muxía/Madrid

| LUIS VENTOSO |

OPINIÓN

14 oct 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

PARA pasmo de todos (menos de los vecinos, que cobraban unos cuartos insólitos para ellos), en las municipales el PP obtuvo mayoría absoluta en Muxía, la zona cero del chapapote (dantesca tragedia ecológica que al ritmo de entusiasmo oficial que vivimos lleva camino de pasar a la historia como una suerte de bendición pringosa que recibió Galicia en los albores del siglo XXI). Estos días, cuando un gallego se acerca a Madrid, no tarda en aparecer un amigo madrileño que te comenta, asombrado y rasgándose las vestiduras, la victoria del PP en Muxía ( Múcsia, que suelen decir allí): «¿Pero cómo pudieron votarles después de lo que pasó?», te preguntan perplejos, ante lo que interpretan como un síntoma de la endémica mansedumbre gallega. El visitante gallego calla, pero cavila que en todas partes cuecen habas. Madrid va a repetir sus elecciones y, según las encuestas, la mayoría de los madrileños creen que hubo una trama para cerrar el paso a Simancas y que Tamayo y Sáez fueron comprados, hechos que en principio tienen como obvio beneficiario al PP. Los madrileños también saben que Esperanza Aguirre, la candidata popular, cobra en la actualidad tres salarios simultáneos del erario público, que arrojan un monto mensual de 19.500 euros (unos tres kiletes de los de antes). Además, en víspera de unos comicios que se plantean casi como un referéndum ético, Aguirre se ha negado a hacer público su patrimonio con un razonado «no me da la gana» y ha añadido que es «nocivo» que los políticos sean transparentes ante la opinión pública. Dicho lo dicho, ¿adivinan quién va a ganar en Madrid? Pues, ¡oh asombro!: Esperanza Aguirre, que según todos los sondeos goleará con mayoría absoluta. Puede que los de Madrid no entiendan a los de Muxía, pero que conste desde Muxía también alucinamos con los de Madrid.