¡Estamos frescos!

| MANUEL MARLASCA |

OPINIÓN

QUE los tomates españoles -y otras verduras y hortalizas de nuestra rica huerta- se compren más baratos en Berlín y París que en A Coruña o en Madrid no puede ser producto de la globalización, sino de que alguien se está poniendo las botas. Dicho de otra manera y utilizando el sarcasmo, estamos frescos con los productos frescos. Alarmado el Gobierno porque así no hay quien controle la inflación, ha puesto a trabajar al Observatorio de Precios de los Alimentos -¡como si hiciera falta un telescopio para observar los precios!- y a Defensa de la Competencia, cuyos dictámenes podrán dar con el problema pero me temo que no van a incluir soluciones. De hecho, ya se apuntan razones, como la situación dominante de las grandes superficies, que en determinadas zonas actúan casi en régimen de monopolio, por más que, si no recuerdo mal y concretamente en Madrid, se limita al 25 por 100 la cuota de mercado de cada hipermercado; pero si las compañías aéreas una vez abiertos los cielos europeos a la libre concurrencia son capaces de ponerse de acuerdo en las tarifas, ¡qué no harán las grandes superficies con el tomate, las judías verdes o cualquier otra verdura y hortaliza! En más de una ocasión he escrito sobre la necesidad de estrictas normas que incluyan ejemplares sanciones para quienes las incumplan y que acaben con estas situaciones dominantes. Por poner un ejemplo, hace un par de años conocí personalmente a un agricultor -tierras de Castilla y León- que me confesó que vende toda su cosecha de patatas a una determinada cadena de hipermercados. Es decir, esta patata, de gran calidad por cierto, se vende en régimen de monopolio. Y el problema no es sólo que el hipermercado venderá al precio que le pete sino que acabará pagando al productor lo que quiera bajo la amenaza de que éste pierda al único cliente que sostiene el negocio. Me temo, a la vista de la escalada de precios de los productos frescos, que no es el único caso. O, escrito de otra manera, las grandes superficies han decidido obtener su mayor beneficio en estos alimentos porque a la hora de comprar al productor tienen escasa competencia dado el volumen de su demanda; y a la hora de venderlo al consumidor, la competencia es cero o, a lo sumo, Berlín y París, que están demasiado lejos como para ir a hacer la compra.