Schwarzenegger

OPINIÓN

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06 oct 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

HOY SE celebran elecciones en California (¡la quinta economía del mundo!) y es muy probable que el nuevo gobernador se llame Arnold Schwarzenegger, un austríaco que emigró a EE.?UU. hace 35 años, que se labró unos músculos imponentes (fue tres veces Míster Universo y siete Míster Olimpia) y que triunfó en el cine con papeles como Terminator y otros de similar porte o calaña. De algún modo -o de todos los modos-, representa el sueño americano de unos ciudadanos que presumen de que en su país se pueden alcanzar todas las metas si se pone el suficiente empeño. Ahora, a sus 56 años, casado con una sobrina de John F. Kennedy, padre de cuatro hijos y con unos ahorrillos cercanos a los sesenta millones de dólares, el Rey del Bíceps ha decidido extender el sueño americano a la política. Y ahí está, en cabeza de las encuestas, con su figura Hércules redivivo, mitad hombre, mitad dios-robot. ¿Qué hay de malo en todo ello? Nada que no les guste a los estadounidenses. Cumple el primer requisito: es un hombre que se ha hecho a sí mismo. Y cumple el segundo: no tiene la menor experiencia política. Para colmo, ofrece una garantía incontestable: es muy difícil que lo haga peor en el Gobierno que en el cine. ¿Se le puede pedir más?