EL ALCALDE de San Sebastián tiene su propio diagnóstico sobre el problema político español y vasco en particular: «La clase política se masturba poco». ¿Para qué practicar el sexo en pareja cuando se puede hacer por libre y en solitario? Sin embargo, don Onán Elorza ha propuesto una unión clandestina contra natura con sus colegas del PNV por la que les ofrecía en dote las concejalías más mollares del Ayuntamiento donostiarra: control sobre la piedra filosofal del urbanismo, la policía local, la propaganda cultural, valga la contradicción, entre otras. Como se ve, le está ayudando a hacer la campaña electoral a Maragall, pero no a Simancas ni tampoco a ¿su jefe? Zapatero, a quien se toma por el pito de un sereno. Veremos qué pasa, aunque seguro que lo que veremos es lo que no pasa. Pero si lo del alcalde es grotesco, lo del Parlamento vasco resulta bochornoso e inconcebible en un país occidental. El espectáculo miserable consentido por su presidente, un tal Atutxa, que, por si no tuviera bastante con burlarse del Tribunal Supremo, niega el amparo a un parlamentario del PP al que una vestal de la secta batasuna había calificado de «torturador» y «fascista», no tiene parangón en Europa. El tal Atutxa practica la doctrina de la equidistancia que viene a ser lo siguiente; entre el criminal y sus víctimas hay un término medio: la culpa de que un violador asesine a Sonia o a Rocío es de éstas por ser guapas y ya se sabe que un macho es un macho. Es decir, que las pobres Sonia o Rocío eran fascistas y torturadoras por provocar indecibles padecimientos en el pobrecito violador que no pudo evitar hacer así su propia construcción nacional psicológica. Al final don Sabino va a tener razón y va a ser verdad que los nacionalistas vascos pertenecen a otra raza. Pero no por lo del rh, sino por sus dificultades cognitivas, incapacidad de raciocinio o para mantener la dignidad moral como personas.