Libros

| RAMÓN PERNAS |

OPINIÓN

03 oct 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

ANDA revuelta la república de los libros. Para las empresas son un negocio de escasa rentabilidad, se lee menos y se maquillan las ventas, más de la mitad de los españoles no lee ningún libro, se incrementa el valor social, el libro como regalo que sustituye a la colonia y a las corbatas, cierran librerías, en fin, que corren malos tiempos para la lírica y que la literatura está más que nunca herida por el rayo de lo inmediatamente mediático y televisivo. Libros truculentos firmados por estrellitas catódicas y folklóricas afónicas se encaraman a la lista de los best seller , mientras desciende la media de libros de autor/escritor vendidos, se incrementan las devoluciones y merman considerablemente las tiradas. Esta semana de octubre es de fiesta mayor para el universo del libro. Concluye Liber y se inaugura la cita de Frankfurt, una feria de ferias donde el libro es una sobredosis de ficción y de ensayo , de marketing y de nuevas tecnologías. Una feria de las vanidades donde se compra y se vende, donde se acuerda y se decide lanzar textos y autores. Un zoco cultural, el mercado persa de las literaturas. Frankfurt y su feria es asimismo el termómetro que mide la temperatura de los mercados. La gran biblioteca universal está febril, tiene que reinventarse, urge una refundación de las políticas europeas de promoción cultural, debatir el futuro, si es que el futuro del libro puede todavía replantearse. Desde la endogamia y la euforia, el mercado español fiel a sus orígenes gremiales no deja de ser triunfalista y evita la autocrítica que permite el diagnóstico. Allá ellos. Lo cierto es que la oferta librera de otoño se presenta alicaída y alatriste, se anuncian memorias desmemoriadas , biografías sin vida en sus páginas, ensayos que son meros reportajes, escándalos editoriales que no pasan del cotilleo porteril, manuales de autoayuda vendiendo paraísos y fórmulas magistrales, y en un rincón a la intemperie de todos los sueños posibles, la literatura que resiste, entonando un no pasarán impreso en las cubiertas de todos los libros que nunca estarán en las listas de los más vendidos. Mal anda la república de los libros. Tal vez eligió malas compañías, no pudo seducir a las televisiones públicas y privadas para que dieran noticia puntual de sus existencia. No le cantó al oído del poder la vieja melodía de las complacencias que siempre concluyen con una epifanía de unanimidades, no supo ni quiso dar liebre por gato a los hombres y mujeres para quienes escribimos , editamos y ofrecemos los libros. La cultura que viene, los libros por escribir, nos traerán las más bellas historias que el hombre pueda imaginar. Serán tal vez artesanales, cuando la industria editora busque otras huchas donde colocar y rentabilizar sus inversiones. Acaso los libros los lean únicamente inmensas minorías, y el hombre aprenda a encontrar la belleza que se oculta en las palabras. Los libros serán un talismán, el abretesésamo de toda nuestras fantasías, la pócima, el elixir mágico y sanador contra el tedio y la melancolía, y sea entonces cuando por fin conozcamos que todo está en los libros , todo está escrito en millones de páginas porque en los libros reside la libertad y la vida, la felicidad y todos los placeres. Se lo puedo asegurar, créanme.