PARECE evidente el deterioro de la salud del Papa, lamentablemente aquejado, además de por las secuelas del criminal atentado sufrido, por crueles enfermedades. Con todo respeto y piedad hacia el que sufre sin que se le reconozca derecho a descansar, cabe decir que el ejercicio del papado por parte del cardenal que vino del frío, con cierto parecido con el personaje del libro Las sandalias del pescador , tras la muerte de su antecesor, ha tenido una serie de características algo paradójicas. Desde un punto de vista histórico, político y social, destaca cierta actitud equívoca sobre la modernidad. Ha utilizado los instrumentos que pone a su servicio el mundo moderno en cuanto al uso de medios de comunicación y transporte para transmitir un mensaje con estética de acontecimiento perecedero, pero con aspectos premodernos, como pueda ser el culto a los santos o mariológico. Fue en Trento -«Es bueno y útil invocar a los santos»- cuando se declaró institucionalmente la recomendación de la veneración de los santos. El culto a María también tuvo su impulso como respuesta a la Reforma luterana y representaba una adaptación del antiguo culto precristiano a la Virgen madre propio de la tradición mediterránea. Para los que nos identificamos más con formas de espiritualidad mística, en la que lo religioso constituye sobre todo un fenómeno de la conciencia, cuyo escenario es el alma, la concepción del fenómeno religioso como espectáculo de masas nos parece preocupante. Como lo fue el apoyo de la diplomacia vaticana a Croacia en lo que luego sería el baño de sangre de los Balcanes. Confiemos en que su sucesor se muestre más acertado en el caso español y ayude a España a desactivar la amenaza separatista que se cierne sobre nosotros. Amén.