CÉSAR CASAL GONZÁLEZ
02 oct 2003 . Actualizado a las 07:00 h.A MÍ me hubiese gustado más que ganase Sábato, pero no está mal lo del sudafricano Coetzee, literatura de verdad, de la que se escribe a navaja, con las entrañas. El jurado no defraudó. Eligió lo que estaba en las quinielas. No le tocaba a Europa y los favoritos eran el propio Coetzee o Vargas Llosa. Mario tendrá que seguir esperando, como Sábato, como Lobo Antunes. Coetzee es literatura de la que exige inteligencia cómplice del lector (tiene dos etapas, la segunda más autobiográfica). Escribe muy claro, pero muy duro, descarnado. Almodóvar es fan de Coetzee. Su novela Desgracia simboliza en el derrumbe de un hombre el derrumbe de todos los hombres a partir de cierta edad, en un país de violencia. Es un pesimista nato, uno de esos que dicen que es cínico porque está bien informado. Sus libros (Infancia, demoledor; Juventud) no les dejarán tibios. Me alegro de que el Nobel vuelva a optar por libros que no son entretenidos, pero que desnudan la condición humana. Coetzee no es un hombre fácil, no es mediático como Llosa. Lo suyo es escribir de los perdedores. Frases cortas como puñetazos. Le sobra sujeto, verbo y predicado para morder en la manzana del corazón, para desgarrar como un perro enfermo. Escribe novelas como si tuviera los ojos llenos de lágrimas.