EL PRESIDENTE de Rusia, Vladimir Putin, se ha dejado querer, pero no se ha comprometido, en su encuentro con George Bush este fin de semana en Camp David. Después de un apasionado alineamiento inicial con Francia y Alemania contra la guerra de Irak, el líder ruso ha buscado una posición de equilibrio, más pragmática, que le permita no perder el favor de Estados Unidos. Rusia tiene su primer socio comercial en la Unión Europea, pero cuando se trata de hablar de política internacional prefiere hacerlo con EE.UU., la única superpotencia que queda en pie y con la que puede todavía escenificar o rememorar un viejo juego de igualdades perdidas. El presidente estadounidense lo recibió como a un amigo, y el presidente ruso se comportó como tal, pero tan enigmático y prudente que probablemente todavía deberán verse muchas más veces para que el diálogo sea fructífero. Estados Unidos quiere el apoyo de Rusia para reconstruir Irak: sabe que, para esta misión, Moscú puede ser un buen aliado. Putin no ha rechazado la oferta, pero ha relegado la aceptación del compromiso para cuando la ONU apruebe una resolución al respecto, algo que en estos momentos no es nada imposible si no se busca una redacción que garantice el fracaso. La posición de Putin es lógica y coherente con su actuación durante todo el conflicto de Irak. No hay nada nuevo en ella, ni nada que los estadounidenses no puedan asumir, entender e incluso respetar. Pero tanto los rusos como los americanos saben que la actitud de no compromiso de Putin tiene poco o nada que ver con lo que sucede en Irak. El presidente ruso ha ido a EE.UU. a poner en valor su posición de socio relevante -y si es posible indispensable- para afrontar la carrera nuclear de Corea del Norte y de Irán. Putin y Bush han coincidido en la necesidad de detener esos programas. Sólo falta por acordar las contrapartidas. Putin cree (es el nuevo pragmatismo moscovita) que Rusia ya no debe hacer nada gratis, si no quiere desdibujarse aún más en el ámbito internacional. Y Bush ha entendido su mensaje. Habrá entendimiento y habrá compromisos, poco a poco. Porque, si el negocio no se tuerce, dará para todos.