De Lincoln a Ibarretxe

| ALFONSO DE LA VEGA |

OPINIÓN

LA MÁXIMA autoridad española en las Vascongadas, tras el Rey y los presidentes del Gobierno y de las Cortes, ha utilizado su posición institucional para anunciar su intento de destruir a España, al Estado de Derecho, y a la legalidad a la que debe su cargo, en una de las felonías y traiciones más lamentables de la historia de la infamia. A quien conoce la historia de España y por tanto la subversión en el Norte, con una u otra excusa desde que la revolución liberal y constitucional decimonónica intentó acabar con los privilegios medievales del Antiguo Régimen, no le extraña demasiado esta sinrazón aventurera. Ahora, sin embargo, la pretendida necesidad de independizarse de los «impíos españoles» no descansa, como pretendía Arana, en que «la salvación de la sociedad vasca, su regeneración actual y su esperanza en lo porvenir se cifran en el aislamiento más absoluto¿», y en salvaguardar a los vascos «de la raza maketa que es vil, rastrera, servil y fementida», o en los fueros, tradición oral, que los vascos tienen precisamente por ser castellanos y haber pertenecido desde sus orígenes a la Corona de Castilla y Álava sino que se pretende vestir la sedición con un ropaje pretendida y paradójicamente constitucionalista y, por tanto, anti fuerista medieval. En su engendro, Ibarretxe declara al vascuence como lengua «propia», pero más propia, creo yo, resultaría la neolingua orwelliana fabricada para engañar y reprimir al disidente. Savater pedía al Gobierno que defendiera a todos los ciudadanos españoles, estuvieran en la parte de España que estuvieran. Es esa su obligación. Y es eso lo que se espera de nuestras autoridades, pues contra lo que opinan algunos, no fue Lincoln quien generó a los separatistas sudistas esclavistas, sino quien se enfrentó a ellos en defensa de la Libertad, los derechos humanos y el orden constitucional.