¿A qué se dedica Ana Pastor?

| ANXO GUERREIRO |

OPINIÓN

23 sep 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

ANA PASTOR llegó al Gobierno como consecuencia de la remodelación del ejecutivo producida en julio de 2002. Pocos nombramientos fueron entonces más celebrados que el de la nueva ministra de Sanidad. En cierta medida la expectativa creada estaba justificada, considerando que una mujer de la profesión era llamada al gobierno para cerrar el penoso periodo vivido por la Sanidad española bajo la caótica dirección de la inefable Celia Villalobos. Aprovechando tales circunstancias, desde determimados círculos se resaltó la eficacia que había presidido la trayectoria de la nueva ministra. Desgraciadamente, su actuación a lo largo de los últimos catorce meses no avala semejante reputación. En vez de limitarse a presentar, un día sí y otro también, campañas publicitarias y resultados de encuestas, Ana Pastor haría bien en ejercer sus responsabilidades: garantizar legislativamente la coordinación y cohesión del Sistema Nacional de Salud y adoptar el impulso político para la mejora del mismo. Nos ahorraríamos de paso la engorrosa pregunta que se formulan cada día más ciudadanos: ¿a qué se dedica Ana Pastor y cuáles son las funciones del Ministerio de Sanidad? Las listas de espera, la utilización intensiva de los centros sanitarios, las dotaciones de personal necesarias o la mejora de la atención primaria, son cuestiones que es perentorio abordar si se quiere evitar el deterioro de la Sanidad pública. Pero todo ello cuesta dinero. ¿Estamos dispuestos a aumentar el gasto sanitario y, sobre todo, podemos hacerlo? En los últimos años la economía española experimentó un importante crecimiento, con un aumento simultáneo de la presión fiscal y, sin embargo, seguimos lejos de alcanzar la convergencia sanitaria, ocupando, con un escaso 4,6% del PIB, el último lugar de la UE en gasto sanitario público no farmacéutico. Es evidente que podemos y debemos incrementar nuestros recursos sanitarios, pero ignoramos que Ana Pastor haya tomado alguna iniciativa en esta dirección. Especial mención merece el grave incumplimiento de la Ley de Incompatibilidades por su negativa influencia en la eficiencia del sistema. Son demasiados los profesionales que permiten el crecimiento artificial de las listas de espera, obligando a los ciudadanos a buscar soluciones en la privada, en la que esos mismos profesionales, en muchos casos ilegalemente, trabajan por la tarde. Ana Pastor tiene la obligación política y moral de hacer respetar la legalidad vigente. Si ésta no produce las respuestas adecuadas, debe cambiarse, pero una ministra no puede mirar para otro lado cuando la ley es violada sistematicamente. Tampoco parece dispuesta la celebrada ministra a frenar la insoportable sangría de recursos que representa el disparatado gasto farmacéutico, que supera ya el 20% de todo el gasto sanitario. Salvo declaraciones retóricas, no se ha tomado ninguna medida realmente eficaz para encauzar esta decisiva cuestión, tales como la implantación del sistema de dosis adecuado al tratamiento o la negativa a subvencionar los nuevos y caros medicamentos que no aporten ninguna novedad terapéutica. A la luz de los hechos, resulta evidente que una cosa es ser un eficiente funcionario y otra muy distinta ejercer la dirección política de un ministerio. Con estos antecedentes se comprende la preocupación que genera en amplios sectores de la sociedad gallega el rumor que sitúa a Ana Pastor como sucesora de Fraga. Me permito, modestamente, recomendar a Ana Pastor que no caiga en el error de aceptar tal encomienda, y a Mariano Rajoy que no cometa la irresponsabilidad de patrocinarla. En los últimos meses (años), hemos venido asistiendo apenas como espectadores a una constante y creciente fuga de usuarios de avión hacia otros aeropuertos situados fuera de Galicia, especialmente Oporto y Madrid. Mientras tanto, los responsables de los aeropuertos gallegos (y de sus ciudades respectivas) discuten y compiten por obtener mejoras en sus infraestructuras, conduciéndonos a la situación actual de tres aeropuertos muy cercanos entre sí, pero carentes de complementariedad en sus rutas ofrecidas y con escasísimos enlaces internacionales. Al mismo tiempo se emprende la construcción de una infraestructura (tren AVE A Coruña-Santiago-Vigo) con vocación de conectar en tiempos inferiores a 40 minutos las tres ciudades. La propuesta de optimización es la de utilizar el todavía en construcción tren de alta velocidad, como medio de unión de alta frecuencia entre los centros de las dos grandes ciudades gallegas (Vigo y A Coruña) con el más dotado y mejor situado aeropuerto gallego (Lavacolla, Santiago). Así, y con la potenciación de éste último, todos los ciudadanos de las tres ciudades podrían disponer de un gran aeropuerto a una distancia en tiempo inferior a 40 minutos desde el centro de su lugar de residencia con mayores ofertas de servicios y conexiones de las que disfrutamos (sufrimos) los usuarios en la actualidad. Evidentemente, el resto de los ciudadanos de Galicia serían además también beneficiados con esta potenciación y mayor posibilidad de oferta. Por el estado incipiente de las obras, parece que la modificación de los trazados del AVE para hacerlo pasar por Lavacolla uniéndolo con Vigo y A Coruña sería todavía posible e imagino no demasiada costosa comparándolo con los beneficios obtenidos. José Antonio Castro Devesa. Vigo. Cada vez proliferan más en los telediarios noticias luctuosas que resultan desagradables. Es algo que siempre se dio, pero ahora tenemos las imágenes en la televisión el mismo día de los hechos. No deja de ser molesto estar con los hijos pequeños y tener que soportar estas sangrantes imágenes. En ocasiones da la impresión de que se detienen más tiempo del debido en mostrarnos las miserias humanas. Están convirtiendo los telediarios en página de sucesos; me recuerda a aquel semanal que se editaba antaño, El Caso , que tenía buena audiencia entre los amigos de truculencias. Pienso que las diferentes cadenas deben tener buenos profesionales que nos ofrezcan noticias con mensajes variados, pero con un contenido cultural, ameno, distendido, político, económico, deportivo, etcétera, pero que nunca se queden con la noticia fácil para salir del paso y justificar un sueldo. A Coruña.