LOS ATROCES casos de la Costa del Sol ponen en evidencia la patológica permisividad que existe en España con el consumo excesivo de alcohol. En toda Europa ya es lugar común que en España se puede beber todo el alcohol que se quiera, a cualquier hora del día y sobre todo, de la noche. Por ello, si no tuviésemos bastante con los autóctonos, una legión de psicópatas (víctimas de trastornos de la personalidad antisocial) ha recalado por aquí, animados por el clima, las infraestructuras turísticas, el alcohol y otras drogas en abundancia, con los terroríficos resultados que desgraciadamente conocemos. Que no quepa la menor duda de que un psicópata es una persona con una anormalidad cerebral fronteriza con la patología franca, que se evidencia con agentes externos tales como el alcohol, las drogas, las enfermedades intercurrentes como infecciones encefálicas, etcétera. De las socorridas frustraciones de la infancia es muy difícil cuantificar su peso real. Sin embargo, debido al enorme influjo del psicoanálisis en la cultura occidental, durante todo el siglo XX, ahora todo el mundo las utiliza, tanto como atenuantes o como desencadenantes. Las evidencias son que un psicópata tiene una historia que viene dada en principio por la afectación cerebral, a veces mínima, que altera su conducta. De las estadísticas de casos registrados se destacan unos síntomas que comienzan en la primera adolescencia: fracaso en la adaptación a las normas, mentira reiterada, estafas, utilización de alias o nombres supuestos, promiscuidad sexual precoz, consumo de alcohol y sustancias adictivas, robos, irritabilidad aumentada, peleas, maltrato a animales o personas, faltas reiteradas a clase o al trabajo repetidas e injustificadas, conducción temeraria y en general falta de arrepentimiento ante sus actuaciones negativas. Además, hay que corroborar con exploraciones como RMN cerebral, analíticas para determinar alcohol y tóxicos en sangre, pruebas genéticas, pruebas para diagnosticar enfermedades de transmisión sexual y sida, electroencefalogramas, etcétera. Después, pueden hacerse las pruebas psicológicas. Hay que tener en cuenta que algunos de estos pacientes, entre la anormalidad y la enfermedad, proceden de orfanatos, lo que para algunos es demostrativo de psicogenicidad, debido a las malas experiencias vividas. Pero también puede orientar a lo genotípico, dado que la gente adecuada no suele abandonar a sus hijos. Creo que previniendo adecuadamente el consumo incontrolado de alcohol (droga legal y puerta de entrada de otras drogas) se podrían evitar muchas conductas feroces. La reciente idea de crear colegios exclusivos para homosexuales dada a luz en Estados Unidos, a buen seguro produciría una gran satisfacción en nuestros jóvenes que acaban de descubrirse sexualmente, y que se ven más solos que la una por culpa del maldito armario en el que viven prácticamente metidos todos los homosexuales en esta etapa. Al otro extremo del espectro de opinión me imagino también a mucha gente satisfecha de que se limpien los colegios (preferentemente los privados de gestión católica) del mal ejemplo que supone un homosexual contranatura alrededor de sus hijos normales . Demasiada felicidad que encierra un peligro gravísimo, ya que supone la invocación de los campos de concentración nazis, en los que cada persona estaba marcada a fuego con el estigma que le imputaba la sociedad fascista. Es felicidad a priori porque supera un conflicto de respetos, pero sólo provisionalmente, porque el conflicto rebrotará más adelante cuando muchos ciudadanos que crezcan en una sociedad con segregación pretendan que ésta se siga ejerciendo en todo momento y circunstancia. José C. Alonso Sánchez . A Coruña. A polémica parece inoportuna ós 30 anos do difícil comezo da A-9. Hoxe, unha chea de galegos vertebramos o país, subindo e baixando a cotío por ela. De navallada alevosa pasou, coma quen di, a corredor da casa. Iso si, ferida fixo, e difícil de cauterizar. Chegando ó peaxe parecemos un pincho moruno agardando a que nos abrasen. Sen embargo, no corredor de Lalín a Monforte non se atopa o funil de Redondela nin a ponte de Caldas, un supoñer. As carballeiras do Faro ou os bancais do Miño adormecen contanto os catro coches que pasan, e xa custou facer a autopista Santiago-Silleda pola escasa densidade de tráfico. Estarei equivocado, pero non vexo a necesidade da autovía Monforte-Chantada. Cando xa limpáramos co Mencía o pó e as silvas que prenderan nas muras de Belesar, e agora que lucían para mil outonos máis, imos estragar unhas cantas. Parte da admirable pegada dos nosos antergos da Ribeira Sacra quedará pulverizada pola maquinaria mastodóntica. Deberían priorizarse outros investimentos na zona (xa hai boas comunicacións con Ourense), pero parece máis fácil tirar pedras e historia que tentar novas iniciativas empresarias, que evitarían o continuo éxodo da poboación. Os chantadinos, e os nosos irmáns do Saviñao, seguiremos vendo como o progreso pasa de nós, a cento coarenta por hora. Xesús Anxo López Gómez. Santiago.