CARLOS G. REIGOSA | O |
19 sep 2003 . Actualizado a las 07:00 h.HAY UNA línea recta en la mejora de nuestra imagen exterior que va desde la épica solitaria y montaraz de Federico Martín Bahamontes, el primer español que ganó un Tour de Francia (1959), hasta la sonrisa desinhibida y sin complejos de Fernando Alonso, ese chico que pisa fuerte en la Fómula-1 del automovilismo mundial. En medio hay una larga serie de hitos que llevan los nombres de Manolo Santana, «El Cordobés», Ángel Nieto o Miguel Induráin, a los que se suman empresarios, músicos, corredores de motos, etc. Todos ellos protagonistas de una larga lucha por sacar la cabeza en una España que, a su vez, luchaba por vencer su miseria (también política) e incorporarse al Primer Mundo. Parece que fue ayer ¡y es que fue ayer! Apenas estamos hablando de cuarenta años, la mayor parte de ellos vividos ya en democracia. España es hoy un país con buen nombre en el mundo, y esto, que debe enorgullecernos, no ha hecho más que empezar. Almodóvar, Amenábar y Banderas se pasean por Hollywood y encabezan el cine europeo. Los modistos (muchos gallegos) comandan la moda. Los vinos atraviesan fronteras y conquistan mercados internacionales. Y para colmo los mejores cocineros del mundo también son españoles. ¿Estoy a punto de convertirme en un puñetero chovinista?