DESDE LA CORTE
15 sep 2003 . Actualizado a las 07:00 h.MALA NOTICIA para periodistas: Mariano Rajoy no piensa contribuir a la crispación. Fatal noticia para columnistas: tampoco piensa entrar en polémicas de las llamadas estériles . Eso es tremendo en un país como éste. Es una revolución. Y es insólito en el PP. Si el señor Rajoy consigue mantener esos propósitos, que ayer comunicó, significará que el partido del gobierno deja de hacer de oposición desde el Gobierno. Deja de ser esa oposición de la oposición , que tanto gustaba al presidente Aznar. Se dejará de llamarle irresponsable a Zapatero. No habrá lindezas para Llamazares. A lo peor, ni siquiera responden a la pregunta de por qué han escondido a Romero de Tejada el día de la proclamación de santa Esperanza Aguirre. Oh, esto es tremendo. Nos vamos a aburrir. Dicen que vuelve el guerrismo, lo cual supone que vuelve el lenguaje de los tahúres del Missisippi , los marmolillos de calle peatonal y los políticos disfrazados de Mariquita Pérez que tanto nos han divertido. ¿Y Rajoy lo dejará sin respuesta? Eso me pareció entender. Rajoy parece nuevo. Todavía está en el territorio de la ilusión creativa: sólo piensa en la estabilidad institucional, el reformismo, la integración y el diálogo social. Pero sin crispación. « Zin acritú» , que decía el prejubilado Felipe González Márquez. Hay que pedirle piedad al señor Secretario General del PP. Una cosa es una diferencia de talante, y otra distinta este cambio radical de actitudes, que tanto nos descoloca. Apiádese, don Mariano, del mundo de las tertulias y otros pecados mediáticos. ¿Cómo se van a titular las crónicas políticas, si el poder no llama perro judío a un político de izquierda? En España, la crispación política es una de las bellas artes. En la crispación, manifestada en el insulto y el tono bronco, se han ocultado fracasos del gobierno, explicaciones que no pueden darse de pura vergüenza, y hasta informaciones de por qué estamos militarmente en la guerra de Bush. Si ése es el nuevo estilo del sucesor, los plumíferos lo vamos a pasar mal. Tendremos que hacer análisis político, que es tanto como trabajar. En vez de la palabra altisonante, dominarán (ya era hora) los hechos. Y la oposición, a su vez, desentonará si se pone a gritar al lado del tono sesudo, calmo, reformista e integrador del señor Rajoy. No, no estamos ante un político convencional. Estamos ante un sucesor que no quiere cambiar este país, pero sí cambiar sus decibelios. De hecho, lo empezó a hacer el domingo. Fue cuando se presentó ante su partido en Madrid bien trajeado, de corbata, y con un discurso de mitin leído. Esto no se veía en la política española desde los tiempos de Adolfo Suárez.