Aquel trágico día

| GONZALO PARENTE |

OPINIÓN

EL HOLOCAUSTO de las Torres Gemelas ha sido el acontecimiento social de mayor impacto en la humanidad del siglo recién estrenado, porque fue vivido en directo por millones de asombrados y horrorizados televidentes. Ante este acto de megaterrorismo, la tragedia de Nueva York provocó la solidaridad internacional con el pueblo norteamericano. Todavía hoy en los EE. UU. se vive colectivamente el miedo y la inseguridad de que pueden volver a ser atacados de esa forma. El presidente Bush declaró formalmente la guerra al terrorismo global y a sus apoyos, allí donde fuese necesario. La guerra sería larga y distinta a las conocidas. No es la guerra entre los Estados, aunque implique a algunos de ellos. Habría que buscar los focos del conflicto global, localizarlos y extinguirlos. Las células islámicas han aparecido en todo el mundo, desde Afganistán a Indonesia o la misma España. Aquel once de septiembre, abrió el siglo XXI con un nuevo tipo de conflicto global -mundial- que requiere nuevas formas de relaciones internacionales. La guerra fría quedó sepultada entre los escombros de las torres gemelas. Desde entonces funciona -o no- un nuevo sistema internacional. Aquel once de septiembre, con las horribles imágenes del genocidio, miles de seres humanos masacrados en un pira de hierro, cristales y cemento ardiendo, debieran servir para que se tome conciencia colectiva de que ese fenómeno social de este tiempo que es el terrorismo -tan conocido por nosotros en otra escala- se ha extendido por todo el mundo y es real. No es la guerra de las religiones, ni tan siquiera de las razas, se trata de la venganza de los perdedores de la historia, de los fanáticos que prometen el paraíso a grupos de marginados del desarrollo social, a quienes han indoctrinado previamente con teorías de odio y revancha en nombre de agravios étnicos pasados. Pero a pesar de los recalcitrantes de uno y otro signo, este mundo globalizado avanza, lentamente, eso sí, hacia la paz entre las naciones y comunidades, tan necesaria para resolver los problemas reales que afectan a millones de seres humanos, el hambre, la enfermedad y las injusticias.