Irak y Palestina, donde solían

| JOSÉ JAVALOYES |

OPINIÓN

VUELVEN Irak y Palestina donde solían. Palestina, al callejón sin salida, tras la dimisión de Abu Mazen. Irak, al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Hacia ese marco institucional refluye el problema iraquí en la posguerra, luego que desde allí no pudo evitarse la guerra misma ni cupo lograr en su seno una Resolución que legitimara, expresa e inequívocamente, el comienzo de las hostilidades. La 1441, combinada con las resoluciones previas que condenaban al régimen iraquí por el incumplimiento de sus obligaciones tras de la guerra de l991, no fue la resolución que se necesitaba, al menos, para evitar la enorme bronca política y diplomática que se montó en el Consejo. Aquella insuficiencia vició la posterior intervención angloamericana; pero es más, ahora oficia de marco para el nuevo debate. El Imperio se atragantó con la victoria contra Sadam y la posguerra se ha convertido en un calvario para sus tropas y en infierno para los iraquíes. Washington pide ayuda y ofrece tasas que pagar y condiciones que cumplir para las potencias -en primer lugar los miembros permanentes del Consejo de Seguridad- que acepten y aporten su socorro. A éstas -Francia, Alemania y Rusia-, lo uno les parece poco; lo otro inadecuado. Quieren que las cosas se hagan de otra manera. Su criterio de ahora es el punto de vista de entonces. La condición internacional del problema exige que sea transferido a la ONU, cuya legitimidad para actuar y resolver es plenaria. En eso está la discusión presente. Y en Palestina, mientras tanto, Abu Mazen, el primer ministro, ofrece pasar de bloqueado entre Arafat y Sharon a dimitido frente a Arafat. La Hoja de Ruta para el camino hacia la paz se la llevó el otoño que llega, por causa del poco interés norteamericano en que siguiera adelante. Irak y Palestina, caras de muy parecidas monedas, vuelven a dónde estuvieron. Son problemas comunicantes.