DE SOL A SOL | O |
05 sep 2003 . Actualizado a las 07:00 h.Desde que los 504 miembros de la Junta Directiva Nacional del Partido Popular aceptaron en votación secreta y por unanimidad el pasado martes a Mariano Rajoy como sucesor de José María Aznar, ha empezado en el espacio de centroderecha español un movimiento de claro rajoyismo, aunque todavía no se le llame así. «Desde hoy el líder del PP es Mariano Rajoy», proclamó ese día, con desacostumbrada emoción, el presidente del Gobierno. Había empezado el futuro del partido que él había unificado con mano férrea. Y en el entorno mediático todos empezaron a hablar de un nuevo talante o estilo de gobernar, de relacionarse con la oposición, de entenderse con los nacionalistas, de concebir la vida pública. Rajoy no ha dejado de prometer que continuará la política de Aznar. No ha anunciado ningún cambio. Ni siquiera ha dado la menor muestra de querer ofrecer matices o sutilezas diferenciales. Nada. Sin embargo, los analistas se empeñan en ver un cambio significativo, un cambio de formas que conciernen al fondo, un horizonte sin crispación y sin insultos que puede cambiar el clima político general. ¿Consiste en esto el rajoyismo? Es difícil creer otra cosa. Definitivamente, no pueden equivocarse tantos observadores sagaces.