CÉSAR CASAL GONZÁLEZ
02 sep 2003 . Actualizado a las 07:00 h.TIENE altura de pívot o de ala pívot de NBA. Tiene la frialdad para meterlas de tres puntos sin perder la barba que le tapa las heridas de un accidente de coche. Para el mundo exterior parece que le ganó a Fignon Rato en la recta de los jardines de Moncloa, en la última contrarreloj. Pero Lemond Rajoy ya había vencido desde siempre en la cabeza de Aznar. Uno elige siempre al sucesor que le permite seguir al mando. Así de esquizofrénica es la moqueta del poder. Cuando Aznar sufrió el atentado que le dio carisma, después de tranquilizar a Botella, pidió hablar con dos hombres. Uno era el secretario general de entonces en el PP, Cascos; el otro, Mariano. Al primero le llamó secretario general; a Mariano, Mariano. Siempre le gustó a Aznar este gallego que cumple el canon de no subir ni bajar la escalera. Rato sería un presidente. Mariano es su presidente, el de Aznar. Nos gusta dar el testigo al que sabemos va a correr por la misma calle que nosotros, al que sabemos que nos va a consultar el menú y nos va a dejar seguir eligiendo el vino, Ribera del Duero, por supuesto. Ni ribeiro ni albariño. Además, no sé a qué viene la sorpresa. Ya lo decía la cartera de Mariano, vicepresidente primero. cesar.casal@lavoz.es