NO SORPRENDE que el señor Beiras haya renunciado a postularse como aspirante del BNG a la presidencia de la Xunta. Sus amigos de la vieja bloquería llevan muchos meses ayudándolo a descubrir que había estado trabajando para el inglés. La verdad es que supieron exprimir las grandes dotes de vendedor del culto y elegante profesor para abrir un mercado electoral que por montaraces tenían cerrado. Durante varias legislaturas, bajo su guía certera, habían cosechado cada vez mejor cosecha de confianza hasta convertirse en los gallitos de la oposición. A punto estuvimos de convencernos de que el mando bloquero había aceptado colaborar en la construcción de una Galicia posible. Pero un detalle daba lugar al recelo. No cuadraba, en efecto, que el aumento de las representaciones institucionales no aparejara una revisión de los contenidos y sabores de la mercancía frentista, ni de su conversión en un partido normal con sus alas y todo más. Los guardianes del tizón de Breogán se encargaron de frustrar todos los intentos de su líder por acercarlos a las realidades del país. Y la bajada del volumen de negocio en las últimas autonómicas trajo la coartada para empezar con los segados de moquetas y las declaraciones traperas. La sustitución del jefe de comercial sólo podría pasar por renovación si cursara con la retirada de toda la unidad de producción ideológica. Tal y como la presentan, invitan a deducir que el núcleo duro prefiere empeñar la utilidad pública de la organización antes que perder los beneficios de su control. Les va a ir mucha gente a las urnas. El declive del BNG confirma la dificultad del galleguismo para la acción política partidaria. Para avanzar, habría que galleguizar a la UPG, proeza para la que faltan Beiras. Gracias, José Manuel, por intentarlo.