Grandes servicios

OPINIÓN

01 sep 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

DESPUÉS de meses entretenidos en vaticinios sobre la sucesión de José María Aznar, nos vamos a pasar las próximas semanas tratando de adivinar los criterios que ha seguido el presidente del Gobierno para decidirse por Mariano Rajoy y no por Rodrigo Rato. Sean cuales fueren esos criterios, lo cierto es que Aznar, con la decisión, ha prestado dos grandes servicios. A su partido. Y a España. A sus fieles seguidores. Y a quienes tenemos la fatalidad de discrepar en casi todo con el actual presidente. Pero llegado este momento, aceptamos a reconocer su mérito. Y hasta agradecemos su decisión. José María Aznar viene prestando un servicio impagable al partido que preside. Le está allanando el camino. Decidido, como parece, a abandonar La Moncloa, quema sus últimas iniciativas y esfuerzos en acabar con el proyecto del PSOE y, de forma especial, con el de Rodríguez Zapatero. Es evidente que las críticas desaforadas y las opiniones, marcadas por un estilo zafio y provocativo, no tienen otra finalidad que la de dejar al líder socialista incapacitado para hacer frente al candidato popular, en los próximos comicios generales. Y eso, todo hay que decirlo, lo va consiguiendo. Para que se lo agradezcan sus devotos. Cambio de estilo Pero hay otro servicio que a todos afecta. El del cambio de estilo. Al margen de que reconozcamos que Rajoy es el que mejor puede prolongar el legado ideológico aznarista, el presidente se ha decidido por un hombre dialogante, correcto, cortés y comedido. Después de una legislatura protagonizada por la crispación, la descalificación y la arrogancia, se nos ofrece la posibilidad de un cambio de rumbo. Nadie duda de la continuidad en la gestión. Pero, al menos, estéticamente, las cosas se presentan diferentes. Quizás porque hasta el propio Aznar vio que había ido demasiado lejos. Y que aquí ya se hacía imposible hasta respirar.