DE SOL A SOL | O |
01 sep 2003 . Actualizado a las 07:00 h.CAZO palabras. No sirvo para los sentimientos. Cuando discuto, se me instala un dolor en el oído derecho que me tortura, que me devuelve a lo peor. Estoy harto de estar harto. No sé hasta cuándo seguiré así de mal. Dios no está. No me recibe. No me contesta. ¿Qué número de fax tiene? ¿Cuál es su correo electrónico? O no sé hablar con él. No sé hablar con nadie. Hago bien en estar solo. Cada vez más solo. No tengo nada que ofrecer. Soy como una nevera vacía, desportillada. Aunque el sistema eléctrico de la nevera hace tiempo que no va, que saltó por los aires, mi interior permanece helado. El frío lo conservo. El frío está dentro de mí, al fondo del fondo, en lo peor de mí. Me doy asco. Miro por dentro y me doy asco. Todos tenemos cadáveres en el armario, pero lo mío es el cementerio. Tengo que sacar toda esa angustia en palabras, cazar palabras y dispararles sobre el folio para no volverme loco, para no hacer algo más lamentable. El lamento escrito parece menos lamento, con sus comas, con sus comas profundos y sus puntos seguidos. Nunca jamás punto y aparte. El dolor es un gigante. Menos mal que, en la vida, hay besos que no se olvidan como el rayo que deja sin luz una ciudad entera. cesar.casal@lavoz.es