¿Habla inglés el sucesor?

| JOSÉ M. DE AREILZA CARVAJAL |

OPINIÓN

EN EL DEBATE sobre el sucesor de José María Aznar brilla por su ausencia una consideración básica: el caudal de experiencia en asuntos internacionales que debe tener el candidato del PP y su capacidad para moverse con soltura en política europea y exterior. El mundo arde y sería conveniente que el probable nuevo presidente del Gobierno no tuviese que dar sus primeros pasos internacionales a lo largo de la próxima legislatura. No se trata sólo de lo que ocurra en Irak: la lucha contra el terrorismo, el freno al nacionalismo excluyente y la prosperidad económica de nuestro país dependen en buena medida de lo que se decida allende nuestras fronteras. José María Aznar sí ha podido recorrer este camino internacional poco a poco. Han pasado más de siete años desde su primer encuentro de política exterior en La Moncloa, un almuerzo con el vicepresidente norteamericano Al Gore a finales de mayo de 1996. El actual presidente, de modo gradual y para irritación de felipistas nostálgicos, ha ganado a pulso un peso internacional inusitado en un político español y goza de prestigio e influencia en la Unión Europea, en Iberoamérica y en Washington D.?C. El sucesor de José María Aznar debe ser capaz de sumergirse con soltura desde el primer día en una complicada y exigente agenda internacional. En primer lugar, porque ya no hay diferencias nítidas entre asuntos domésticos e internacionales. Al menos la mitad de las horas de trabajo de cualquier jefe de gobierno europeo están dedicadas a la Unión y a la política exterior. Aparte de viajar un promedio de dos meses enteros al año y recibir cada dos días a visitantes internacionales, los presidentes tienen que dirigir y coordinar la acción exterior de todos sus ministros, algo que no puede hacer por sí solo un buen ministro de Asuntos Exteriores. Pero sobre todo, la experiencia internacional es exigible al sucesor porque España se encuentra ante una doble encrucijada histórica: el desarrollo o decadencia de la Unión Europea y la nueva configuración del mundo tras el 11-S. Hay asuntos como las consecuencias económicas y políticas de la ampliación al Este, la nueva relación de nuestro país con EE.?UU. y la participación de tropas españolas en la posguerra de Afganistán e Irak que no pueden esperar. No basta con que el sucesor o la sucesora hable un buen inglés: si es posible, y puestos a pedir, debe haber viajado, vivido fuera, estudiado y pensado sobre estos temas hasta brillar en ellos y estar preparado a fondo para lidiar con los asuntos europeos e internacionales en los que nos jugamos el futuro. La decisión de José María Aznar de no volver a ser candidato a la Presidencia del Gobierno tiene un valor ético enorme y pasará a la historia de la democracia española como una práctica de buen gobierno, algo así como gobernar menos tiempo para gobernar mejor. Por muchas y buenas razones, es deseable que su sucesor gane las elecciones, pero también que la caña del velero pase a manos de un experimentado navegante en aguas internacionales.