DESPUÉS DE 150 horas de interrogatorios y unos cuantos miles de euros del sufrido contribuyente gastados en dietas, la Asamblea de Madrid ha llegado a la sartriana conclusión oficiosa de que «el infierno son los otros». Oficiosa, porque oficial no ha habido ninguna, lo que no es de extrañar debido al procedimiento en que encausados y jueces se confunden y deciden al alimón la sentencia, y a la poca filosofía del asunto, es decir, el poco amor a la verdad. Cada grupo político ha tratado de demostrar que los demás son unos sinvergüenzas cuyo único interés es repartirse el botín inmobiliario. Y lo han conseguido, de modo que ya no es sólo que tal o cual personaje no debería estar donde está, sino que se ha difundido la sospecha de que se trata de un patio de Monipodio con patentes de corso. Queda claro que Tamayo era personaje de confianza de Blanco y de Zapatero, que la Sáez era una diputada de relleno de doble cuota por fémina y por balbase. El secretario del PP de Madrid, Romero de Tejada, se ha mostrado un poco olvidadizo, quizás por la falta de fósforo en su dieta o de vergüenza según versiones. Veremos si se le olvida cobrar las asistencias al Consejo de Cajamadrid con las que ha sido agraciado. Como diría Sancho Panza, que no el pobre don Quijote, «vengan días y vengan ollas» (y elecciones). La clase política debería tomar nota porque aunque el pueblo viene tragando con todo, puede que se canse de tanta indigencia cerrada y bloqueada. Así, ¿volverán a presentarse ante el electorado sin hacer una limpieza radical en sus listas? En el PSOE habría que dimitir a los porta y a los balbases, a Simancas y al escondido Blanco. La credibilidad del PP cada día que pasa sin cesar a Romero de Tejada disminuye. Los partidos no deberían abordar con estos mimbres las elecciones de octubre, porque, además, no habría que descartar que algún mapa del tesoro aparezca inoportunamente en plena campaña electoral. ¿Se implicará en ella Gallardón?