¡Tatarí, tirarí, tata!

| XOSÉ LUÍS BARREIRO RIVAS |

OPINIÓN

24 ago 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

ASÍ, a toque de trompeta, nos va a gobernar Aznar cuando nos haya movilizado a todos. Aunque también es posible que -igual que siempre sucede en el Ministerio de Defensa- el anteproyecto de Ley de Reserva y Movilización no sea más que un pasatiempo de los conserjes del turno de noche, sin que nadie le haya dado su visto bueno. Ello no obstante, por si esta vez va en serio, debemos empezar a manejar las graves hipótesis que se nos vienen encima, antes de que un día vayamos a manifestarnos contra la guerra y, en vez de mandarnos a aquel valiente policía que malló a placer en una chavala indefensa -¿qué fue de él? ¿le dieron ya la Medalla de Galicia?- nos envíen a un turuta de la Legión para que nos disuelva al toque de «rompan filas». Lo primero que hay que saber es que, aunque parece que esas circunstancias extraordinarias de las que habla la ley nunca se dan, en sólo dos años hemos visto el atentado de Nueva York, la guerra de Afganistán, la amenaza de las armas de destrucción masiva, y la sublevación de los iraquíes contra el bloque humanitario de las Azores, por lo que, con la ley en la mano, ya podríamos llevar dos años levantándonos al toque de diana. Y tampoco podemos olvidar que, si los americanos se hartan de nosotros como se hartaron de Sadam Huseín, y deciden controlar el estrecho de Gibraltar, no nos va a quedar más remedio que esconder a Trillo y a sus militares en un búnker que no conozca Pedro J., y empezar a poner bombas por nuestra propia cuenta. Porque, aunque es posible que el Washington Post nos llame terroristas, nadie conoce otra forma de ganar la libertad. Claro que estas mismas consideraciones desautorizan a un ministro que, por pasar el verano leyendo a Shakespeare en vez de leer historia, no sabe que todas nuestras gestas militares fueron hechas por civiles no movilizados y tratados como bandoleros. Desde Indíbil y Mandonio hasta el asalto al Cuartel de la Montaña, pasando por Numancia, Sagunto, Covadonga, las conquistas de México y Perú, y la Guerra de la Independencia, casi todo lo hicieron civiles como Agustina de Aragón y María Pita. Las glorias de los tercios fueron mercenarias, y el Ejército regular ganó sus medallas en las derrotas del Callao, Trafalgar, Cuba, Filipinas y Marruecos, en la victoriosa Guerra Civil, y en la Marcha Verde. Por eso creo que es mejor que no nos movilicen y nos dejen ser ciudadanos con todos los derechos. Porque si hay que salir a por ellos -¡los que sean!-, prefiero formar una partida autónoma con mis compañeros de la Brunete, antes que integrarme en un batallón de primerizos, movilizado por un presidente que nunca hizo una guardia. Es más seguro, y acabaríamos antes.