Otra vez el fuego

| ALFONSO DE LA VEGA |

OPINIÓN

HACE ALGUNOS años el viajero que se acercaba a España en avión desde el Atlántico conocía que se estaba acercando al espacio aéreo de nuestra península por el humo. Galicia ardía por los cuatro costados y también gran parte de España. Por razones varias. La principal es el severo trauma que produce el déficit hídrico durante el verano en nuestros campos. Otros, el cambio de uso del suelo, el deterioro de las buenas prácticas agrarias, las estúpidas quemas de rastrojos o la repoblación forestal con especies inadecuadas. Gran parte de nuestro territorio se ha ido abandonando de modo que se muestra con una despoblación desoladora y, en consecuencia, ya no se presta atención al control de los matorrales y sotobosques con efectos nocivos de competencia sobre el agua del suelo y su papel en la propagación de los incendios. En gran medida, cabe decir que esas magníficas joyas de nuestros recursos naturales que son las dehesas se ven sustituidas por especies de crecimiento rápido o no se gestionan adecuadamente. Y eso que constituyen la mejor forma de producir proteína animal con altos rendimientos energéticos. España durante los últimos años ha realizado un importante esfuerzo de lucha contra el fuego pero, por lo que se ve en los últimos incendios que lamentamos, no ha sido el caso de Portugal. La ecología no entiende de fronteras políticas y el llamado «telón de corcho» ha salido ardiendo. Si la quema de los campos se ha utilizado desde antiguo como arma de guerra, es triste que exista un porcentaje no menor del cinco por ciento que se debe a la mano criminal. Los incendios constituyen una grave amenaza contra el patrimonio natural del planeta y por tanto para la propia supervivencia humana, de modo que donde no resulte eficaz la educación y la información es preciso perseguir con el máximo rigor esta forma de terrorismo.