LA LLAMADA sala de vacaciones del Tribunal Superior de Justicia vasco ha decidido, contra toda prudencia, y en un afán garantista -que lo que desde luego garantiza es el escarnio del Estado de derecho y una nueva humillación para España y los defensores de la Ley-, autorizar una más que sospechosa manifestación de los proetarras y sus compinches, que incluso había desautorizado el Gobierno nacionalista de Ibarretxe. La ciudadanía observa con creciente preocupación e indignación que esto de la democracia se viene entendiendo por algunos como una suerte de impunidad para el saqueo de los fondos públicos, la obscena ostentación de los delincuentes de todo pelaje, la ofensa a los símbolos de la nación cuando no el escarnio de los más nobles ideales del pueblo español. En efecto, en la manifestación tan ingenuamente autorizada por el tribunal de marras, nunca mejor dicho lo de marras, se ha dirigido a la chusma allí reunida el miserable Otegui, cabecilla de una facción, la ya ilegalizada, del separatismo vasco, y se ha aprovechado para quemar una bandera española sin que la autoridad ¿competente? interviniera. Los estados sin ley o en transición de legitimidades se dice que están en situación de vacatio legis , y no porque los tribunales estén de vacaciones, cosa que, visto lo visto, en ocasiones pudiera resultar hasta preferible, sino que no hay ley aplicable o no hay voluntad de aplicar la legalidad. ¿Miedo, dice usted? No se sabe. El miedo es un sentimiento muy humano, pero incompatible con quien tiene el sagrado deber de administrar justicia. A menos que el calificativo vasca anule el sustantivo. Veremos si la diligencia empleada en autorizar esta manifestación también se dispone en perseguir y encarcelar a los culpables de este escarnio. ¿O más bien no lo veremos?