El espejo deformante

| PEDRO ARIAS VEIRA |

OPINIÓN

LA ALDEA GLOBAL

10 ago 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

NUESTRAS TELEVISIONES no representan el nivel de la ciudadanía española. La gente está muy por encima de los contenidos de la caja tonta. Pero hay lo que hay y si no se programa nada mejor, pues se elige entre lo disponible. Como en cualquier mercado. El personal sigue una pauta de búsqueda de información que los teóricos de la elección pública llaman «ignorancia racional». Rehúsan documentarse sobre lo que no es útil; al trabajar mucho y de forma especializada, saben que no pueden atender todos los campos de información que podrían serle valiosos. Cultivarse requiere tiempo, una renuncia a un ocio también necesario. En cualquier caso, la gente estaría dispuesta al esfuerzo de atención si lo que se mostrara fuera realmente importante, expuesto con veracidad, y referido a sus necesidades vitales. De no ser así prefieren cualquier tipo de entretenimiento a la impostura o la pedantería. Por su parte, la televisión no es capaz de cumplir estas exigencias, por estar muy condicionada por los poderes públicos y los intereses opacos de grupos del más variado pelaje. Y cuando programan algo de auténtico valor consiguen amplias audiencias, como en el caso de Cuéntame cómo pasó, un intento tibio de aproximación a la historia del país. O como la inteligente serie de Los Simpsons, que se mantiene sin cansar. O la surrealista Pratos combinados y el propio Luar en nuestra TVG. Por su parte, el éxito de los programas rosa obedece a su carácter de teatro puro representado por los actores sociales de a pie, que cuentan e inventan sus biografías con una evidente complicidad con los espectadores. Son programas de bajo coste, y la restricción presupuestaria también cuenta. Oferta restringida Creo que la audiencia de los programas llamados basura , en los que los protagonistas exhiben su peor educación, la maldad incontenida y la transgresión de palleiro , se debe a la demanda de desahogo de mucha frustración cotidiana. En la sociedad civil hay mucho cabreado por la marcha de la sociedad oficial, sin distinción de partidismos. Es difícil trabajar intensamente por salarios que representan menudencia respecto a las cifras mareantes del urbanismo público, por ejemplo. Pensar que se trabaja a la fuerza porque no se tiene poder para hacerlo cómodamente como otros, genera mucha agresividad. Que algunos subliman en el fútbol, otros en el botellón, otros en las movidas y un sector ante la televisión seudotransgresora. Aunque a veces aparecen joyas, como el cara a cara de Jesús Gil con el alcalde de Marbella en Telecinco; un documento sobre la España profunda que para sí quisiera F. F. Coppola. O las propias transmisiones de la comisión de investigación de la Comunidad de Madrid, toda una tesis doctoral en economía y sociología reales. Si no hay mejor televisión no es porque la gente prefiera lo mediocre, sino porque la oferta no cubre la demanda potencial. La tele se ha convertido mayoritariamente en un espejo deformante de la sociedad. La España real sigue siendo otra cosa.