Marbella

La Voz

OPINIÓN

CARLOS G. REIGOSA

04 ago 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

LO DE MARBELLA viene de atrás, de un largo y consentido déficit democrático, que explica la llegada en su día al poder de este municipio del inefable GIL de Jesús Gil, un personaje con más talento del que se cree, y también con menos principios. En un santiamén electoral, el presidente del Atlético Madrid desalojó del gobierno municipal a los partidos tradicionales y los condenó al ostracismo. El nuevo rey del mambo, en una campaña de imagen sin precedentes, liberó la ciudad de greñudos y drogatas , impulsó una policía municipal de recia estampa y reclamó para la ciudad el liderazgo del glamur primigenio atesorado en el boom turístico español. Una gran ocasión para un plan inmobiliario expansivo y descontrolado. En 12 años Gil casi triplicó el número de viviendas (120.000 habitantes tiene la ciudad) y su última propuesta preveía casas para 600.000 personas. El actual alcalde, Julián Muñoz, del GIL, creyó llegada la hora de ajustarse a las leyes y restringir las licencias. Craso error. Jesús Gil no había hecho su cruzada para esto, por ello no ha dudado en aliarse con unos adversarios que conocen bien su expeditiva eficacia inmobiliaria. ¡Alta política! Marbella repite su historia de un lamentable déficit democrático.