Lula, otra vez

| PABLO GONZÁLEZ MARIÑAS |

OPINIÓN

27 jul 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

A COMIENZOS de año deseaba suerte en esta columna a Lula, presidente de Brasil. Le imaginaba entonces como aquel escultor brasileiro apodado O Aleijadinho , medio tullido de su mano izquierda a la que sujetaba con cuerdas el cincel para, con el martillo en su derecha, golpear con tino y construir duraderas figuras. Ha pasado medio año y Lula continúa ahí en su incansable tarea de encontrar el equilibrio entre el desarrollo y la justicia social, esquivando agoreros y sin más alarmas y reacciones en contra que las estrictamente inevitables. Gusta oír su lenguaje en Europa, sencillo y directo. Cuando aquí gastamos los discursos en precisar los abstractos de la «buena gobernanza europea», el lenguaje de Lula atrae por su sinceridad y realismo. A mí me recuerda a aquel personaje de Dumas, Géricault, del que el escritor dice en sus Memorias: «Cuando entramos en su casa, estaba ocupado dibujando su mano izquierda con la mano derecha». Buen trazo y buena suerte, otra vez.