«Cabrón»

OPINIÓN

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26 jul 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

SEGÚN el periódico de ayer, un juez estima que llamar «cabrón» a alguien no es delito, porque el lenguaje se ha banalizado. No sé si habrá banalizado el lenguaje o la realidad que representa. El caso es que insultar resulta cada día más difícil. Ocurre como en esos restaurantes atiborrados de gente: el volumen va subiendo poco a poco hasta que todos se hablan a gritos. Entonces, sólo si un ruido brusco consigue el silencio, se pueden recomenzar las conversaciones en un tono normal. Pues lo mismo: tanto insulto termina en incomunicación. Además, puestos a herir, hay palabras más eficaces que esas que se berrean en manada o que se espetan como dagas en conversaciones con público (que haya público estropea mucho la cosa). Por ejemplo, llamarle «aburrido» o «aburridor» a alguien. No hace falta ni decirlo, basta con insinuarlo con un gesto, con un levísimo movimiento de cara. Y ya está: el otro se siente desolado. Lo descubrí cierta vez en que algunos oficinistas privados estaban jugando con mi problema como si se arrojaran bolas de papel de mesa a mesa. Nadie daba una solución. Pero me salió la palabra mágica: «Señorita, me estoy aburriendo». Funcionó, y eso que era por teléfono. Pero está feo. Sobre todo, en verano.