SEGUIMOS en deuda. Ahora que el verano entra con toda su intensidad y regresamos a nuestras costas y playas para solaz y disfrute, bien está que echemos la vista atrás y hagamos un sencillo ejercicio de reconocimiento. A quienes, desinteresadamente, se partieron el espinazo para que en las próximas semanas podamos disfrutar de nuestros arenales. A quienes se volcaron con nuestro país como si les fuese la vida en ello. Han sido decenas de miles de personas las que, en los momentos más difíciles de la reciente historia de Galicia optaron por abandonar sus trabajos, sus estudios, sus familias y sus casas. Para combatir la negrura de nuestros mares. Decenas de miles de mortales, una gran parte llegados de fuera, que escribieron uno de los episodios de mayor heroicidad. Fue lo que dimos en llamar la marea blanca . Una masa colosal de voluntarios, sin precedentes en España, que se decidieron a salvarnos de la inmundicia y de la obscenidad. La valentía, el heroísmo y la solidaridad que mostraron ante la llamada angustiosa y desesperada de los gallegos, no ha recibido todavía el reconocimiento que merece. Únicamente el agradecimiento perenne que les tributamos quienes tuvimos la oportunidad de verlos ocupar la primera línea de combate. Junto a los marineros que provocaron la admiración y entusiasmo de ciudadanos de todo el mundo. Por su arrojo, valor, coraje y bravura. Ahora que nos disponemos a regresar a nuestras playas, es el momento de valorar acertadamente ese rasgo de generosidad que para con nosotros tuvieron estos voluntarios. No fue beneficencia. Entendieron la solidaridad como sólo quien guarda un compromiso vital puede entenderla. Ahora que regresamos a nuestras playas y costas para disfrutarlas, tengámoslos presentes. Porque ese será, sin duda, el mejor premio. Y tampoco anhelaban otro.