Carreras

La Voz

OPINIÓN

CARLOS G. REIGOSA | O |

25 jul 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

DESDE la carrera de espermatozoides que está en el origen de cada uno de nosotros, no dejamos de correr. Es como si esa pugna fuese una premonición de lo que nos espera en el mundo, un anuncio de la vida misma en su más preciso e irrefrenable transcurrir, sin tiempos muertos, con los segundos encadenados consumiéndose hasta el mismísimo instante final. En el avance en cabeza de ese esforzado espermatozoide paterno portador de 23 cromosomas, que atraviesa apresuradamente la envoltura del óvulo materno, dotado de otros tantos cromosomas, se decide nuestro destino y, en primer lugar, el sexo con el que vamos a comparecer en este mundo. Es decir, se decide que vamos a venir aquí. En esto pensaba, no tras leer un sesudo tratado científico, sino al ver a los nadadores Ian Thorpe y Michael Phelps proclamarse campeones en sus respectivas disciplinas, en el Palau Sant Jordi de Barcelona. No son espermatozoides pero vienen de ellos. Y siguen batiéndose el cobre por atravesar los primeros la meta y alcanzar la gloria de existir en nuestra memoria. Sólo los que llegan los primeros quedan inscritos en el libro de los recuerdos, en el Guinness de la vida. Como los espermatozoides.