Silencio

ASSUMPTA ROURA

OPINIÓN

LAS IMÁGENES se empeñan en sustituir la palabra y no siempre lo consiguen. El empeño ha convertido en profesión de elite lo que desde siempre fue un arte necesario al servicio de lo que era útil y cómodo. Me refiero a los diseñadores que parecen un invento reciente cuando no cabe pensar ni un solo objeto, sea el que sea, sin un diseño previo, una idea preconcebida, un pensamiento que amolde su forma a la necesidad que ha de cubrir. Da lo mismo un taparrabos, una candela o una moderna cocina que, aunque no valga la redundancia, la llaman de diseño. Decir que un objeto es de diseño es una torpeza que nos vacía de conocimiento a cambio de llenarnos de papanatería. Sucede lo mismo con algunos restaurantes que anuncian cocina de mercado, como si lo que sirven pudiera ser adquirido en otro lugar que no fuera un mercado. La torpeza lingüística sirve, por desgracia, de cuento chino. Un cuento chino que, paradójicamente, da prestigio a quién lo vende y a quién lo compra. Las imágenes, al igual que ocurre con las palabras, no son inocentes puesto que muestran o hablan de aquello que duele, que hiere, aquello que nos engrandece o nos denigra. Quién sabe si es precisamente por ello por lo que nos empeñamos en que unas y otras ejerzan de ilusionistas de feria ante un público que por lo último que apuesta es por descubrir algo cercano a la verdad. Se puede vivir de mentirijillas durante un rato, lo mismo que por un rato jugábamos de pequeños a ser soldados y princesas a sabiendas de que llegaría la hora de los deberes. Hoy, imágenes y palabras se pasan por el filtro de la distorsión para distraernos y ahuyentar nuestra atención. «Yo era un tonto y lo que he visto me ha hecho dos tontos», escribió Rafael Alberti. Pero ni siquiera en nuestra doble tontería somos tontos felices porque conformismo y felicidad son incompatibles. Me temo que tampoco nuestros estímulos son selectivos si nos estimula lo mismo ver caer la estatua de S. Huseín que la presentación de Ronaldinho o de Beckham. Pero no perdamos la esperanza. Hay imágenes que obligan al silencio mientras dan a la yugular. No a un silencio respetuoso sino estremecedor. Miremos los cadáveres amontonados como basura frente a la embajada americana en Liberia. Y primero callémonos si queremos seguir hablando.