20 jul 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

HACE CALOR, las gentes están de vacaciones. Los medios de comunicación social buscan noticias. Hay que llamar la atención para que se encienda la mecha del debate sobre cualquier asunto político. Este año, las elecciones de Madrid, la presencia de tropas españolas en Irak, en una peripecia que permite morir por contribuir a la paz (?) del modelo americano, y la reforma de los estatutos de Cataluña y Euskadi. Ibarretxe nos prepara para el otoño, cuando nos vuelva a escandalizar con sus pretensiones de diseño para las relaciones de Euskadi con España. Malo para los ciudadanos vascos, que se verán inmersos en la inestabilidad. Bueno para Mayor Oreja, que recuperará presencia con el único tema en el que está cómodo. Pero hay otro personaje: Juanjo. Un vasco de Llodio al que el destino hizo lendakari para que el modelo Ardanza, basado en el diálogo y la cordura, no se trastocara en ruptura por obra de Eguibar. Pero, tras la tregua de ETA, el asesinato de Buesa y los incidentes de Vitoria, en cuyas calles estuvieron a punto de llegar a las manos los constitucionalistas y los nacionalistas, las elecciones anticipadas en las que el alto estado mayor del PNV dio orden de quemar los papeles comprometedores, pues todo apuntaba a victoria del bando de Oreja, se produce el éxito del joven tecnócrata, que fue arrebatado a la vida civil por Ardanza en una cena de Navidad en Ajuria-Enea. Juanjo Ibarretxe está considerado como buena persona, vasco cordial y de los de palabra; amigo de los de siempre, sencillo y asequible, de pueblo, ciclista y montañero; incapaz de hacer daño a una mosca. Pero, aquel que había sido alcalde de su pueblo, hombre de confianza del partido en las Juntas Generales de Álava, parlamentario experto en política presupuestaria, buen negociador frente a Rato en materia económica, se convierte en un hombre herido, encorajinado, dispuesto a poner en marcha un proyecto con: «Ahora os váis a enterar de quién soy yo y mi pueblo». He tenido una buena amistad con él. Estuvo a punto de venir a descansar a A Mariña lucense, por invitación mía. Está dispuesto a poner en otoño, coincidiendo con el proceso sucesorio del PP, una propuesta de cambio para el Estatuto, y así aprovechar el planteamiento de Maragall. Si bien, tras los vascos nacionalistas, hay un proyecto para construir una nación con Estado. Sugiero. Hablar con Juanjo. Evitar a Ibarretxe.