EL CELTISMO es uno de los dogmas principales del nacionalismo gallego. Como antecedente diferencial de la cultura y el pueblo gallegos, vino a hacer aquí las veces del catolicismo de pureza aria y los fueros de las tesis sabinianas. En palabras del protagonista del Día de las Letras Gallegas 1981, Vicente Risco, el celtismo «en la nacionalidad gallega significa la superioridad indiscutible de nuestra Raza sobre las razas morenas euroafricanas de Iberia, y por tanto la injusticia de que seamos dominados y gobernados por ellos». Palabras proféticas, al menos en lo que al general Franco se refiere. Y continúa impasible: «Quitando Portugal, no tenemos verdaderas afinidades étnicas con ningún pueblo de la Península, las tenemos con otros pueblos europeos. Somos aquí pueblo aparte, que las tradiciones españolas de las glorias de Castilla, del Arabismo, del Siglo de Oro, de la Mística no son nuestras, ni están en nuestro ser ni nos podemos encariñar con ellas. Significa nuestro derecho a la autonomía política y absoluta independencia en lo que toca a la cultura». Pero todas las religiones tienen sus propios Rollos del Mar Muerto, que ponen en entredicho sus bases. Marina López Martínez, en los Cuadernos de estudios gallegos, decía ya en 1960 que: «Se puede afirmar, con bastante seguridad, que la mayor parte de las creencias y prácticas de los gallegos son específicamente neolíticas o tienen su origen en el neolítico. La influencia céltica fue tan tardía en Galicia que pronto se entremezcló con lo romano y más tarde con el cristianismo, por lo que no tuvo tiempo de sedimentarse. La identificación con lo celta tenía un matiz sentimental, que ha hecho más difícil lo que no era más que un error científico». Plinio también consideraba que en Galicia coexistían muchos pueblos diferentes. Si la pura Raza celta falla, quedan los transgénicos. O el marxismo-ladrillismo para consolarse.