ASOMAN MANEJOS para alejar a José Cuíña de la cabeza de la carrera sucesoria mientras repara un vial atascado. Bajeza que delata el temor de los inductores. De los aspirantes apuntados, el político del Deza es el de más proyección electoral. Además de conocer a fondo las Administraciones gallegas, se identifica casi tan bien como Fraga con la mentalidad del paisanaje. Pero su galleguismo, emoción sincera de la Tierra y cierta resistencia al dictado madrileño, no agrada a todos los suyos. Los rivales internos, elitistas que engalanan sus birretes con cebollas, le ponen boina por sambenito. No aprendieron en Salamanca que no importa el tocado sino lo que bulle debajo del pelo, y que el título no cura la mediocridad. Merece aplauso que Cuíña no haya ocultado su deseo de llegar a gobernar Galicia. Esto es lo más democrático: postularse y competir a pecho descubierto.