¡POBRE RUIZ Gallardón! Cuando mejor lo situaban las encuestas en la carrera sucesoria, le han hecho dos faenas leves y una gruesa. Las leves son: decir que el caso de «Madrid Excelente» ha sentado mal en su partido, y ponerle en el punto de mira de la trama de Madrid. La gruesa es publicar una supuesta conversación con José Blanco y Rafael Simancas en la toma de posesión de Bono. En esa amigable charleta privada, el alcalde de Madrid habría dicho que él está con la dirección socialista y que, personalmente, le conviene que el PSOE esté fuerte. Rayos y centellas. ¿Cómo un aspirante a suceder a Aznar puede estar con los rojos? Lo malo que tienen esas palabras -insisto que supuestas y, además, desmentidas o matizadas por él mismo- es que son verosímiles. Es creíble que, entre el tránsfuga Tamayo y Simancas, esté con Simancas. Eso es lo noble, aunque escandalice en el PP. Y es muy creíble su tesis sobre la fortaleza del PSOE. Efectivamente, con un PSOE débil cualquiera puede ser candidato a la Presidencia. Con un PSOE fuerte, él único que puede arañar votos por la izquierda es Ruiz Gallardón. ¿No es eso lo que pensamos todos? Claro que lo es. Lo que ocurre es que, en este mundo de ambiciones políticas, surge rauda una traducción: «Lo malo para el PP es bueno para Gallardón». Y, cuando esa evidencia es confesada por el protagonista de la historia, la gente piensa que es un conspirador; que podría estar dispuesto, efectivamente, a beneficiar al adversario con tal de beneficiarse a sí mismo. A partir de esos razonamientos, Ruiz Gallardón puede olvidarse de suceder a Aznar al menos por otros cuatro años. Con una sola frase, dicha o no dicha, ha arruinado todo el proceso de acercamiento a la dirección popular. Ha vuelto a ser sospechoso. Y es que en la política no basta con ser muy inteligente. Hay que ser, además, muy zorro. Y las estrategias no se confiesan ni en el ámbito más privado. Mejor dicho, en ese duelo de titanes que se vislumbra en el PP, hay que aplicar un viejo principio: «Si quieres que algo no se sepa, ni lo pienses».