Guerra de sucesión

| MANUEL MARLASCA |

OPINIÓN

NO ES CASUALIDAD que la primera víctima del PP en el vergonzoso episodio de la Asamblea de Madrid se la haya cobrado el alcalde de la ciudad, presidente en funciones de la comunidad y «outsider» en la carrera de sucesión de Aznar, Alberto Ruiz Gallardón, que cesó fulminantemente al director de Madrid Excelente, Fernando Bastarreche, por algo tan corriente y tolerado en la política española como la mentira. Bastarreche negó por tres veces haber encargado a un constructor bajo sospecha la reserva de una habitación de hotel para los recién casados Paloma García Romero (ex viceconsejera de Ruiz Gallardón y ahora flamante concejala de Madrid) y el abogado José Esteban Verdes (incontinente usuario de teléfono móvil para conversar con el truhán diputado regional socialista Eduardo Tamayo antes y durante la traición a su grupo en la Asamblea de Madrid, que ha metido a la comunidad en una crisis sin precedentes). Cuando se ha demostrado que mintió, Gallardón, con la cintura política que le caracteriza, ha cesado a Bastarreche. Y no es casualidad, porque la crisis de la Asamblea ha acabado por formar parte de la guerra de sucesión -sí, guerra, por larvada que sea- en el Partido Popular. Porque si la filtración de la visita que constructores bajo sospecha hacen a Romero de Tejada -secretario del PP de Madrid- en la misma tarde que se desencadena la crisis en la Asamblea apuntaba a la cabeza de Rodrigo Rato -el mejor situado en la carrera por la sucesión-, de cuyo equipo forma parte Romero de Tejada, la insistente sucesión de medias verdades y mentiras a medias en torno a la boda de Paloma García Romero apunta directamente a la cabeza de Gallardón, de cuyos equipos viene formando parte la hoy concejala de Madrid. Si para colmo -y es una hipótesis manejada desde hace meses- el alcalde de Madrid sería el vicepresidente político de un Rodrigo Rato presidente del Gobierno tras las legislativas de marzo, podría concluirse que, a lo peor, esta batalla en la guerra de sucesión tiene como objetivo cobrarse la cabeza de dos por el precio de uno, por recuperar aquella expresión de la entonces inseparable pareja González-Guerra. Pero tiempo habrá en próximas entregas para entrar en detalles del «acoso y derribo» de Paloma García Romero que, simplemente, «pasaba por allí».