QUE LA VIDA no es fácil, lo sabemos todos. Asumimos que está llena de grandes contradicciones. Nacemos llorando y nos morimos también haciéndolo. Aceptamos que el largo camino que separa un momento del otro está plagado de obstáculos. Los sorteamos lo mejor que podemos, en algunas ocasiones aprendemos de ellos y, mientras tanto, crecemos, maduramos y envejecemos. Si es agotador avanzar en condiciones normales , salir adelante con cualquier tipo de minusvalía requiere una fuerza de voluntad y un tesón fuera de lo común. En occidente somos cada vez más conscientes y solidarios con aquellas personas que necesitan un poco más de ayuda para superar los obstáculos del día a día pero, aún así, nunca es suficiente. Siempre se puede y debe hacer más desde el punto de vista de la integración y el respeto. Pero, si ya es díficil en occidente, ¿cuánto más complicado será en una sociedad musulmana, cerrada y fundamentalista, como la iraní, en la que sólo por ser mujer se parte en una condición de grave desventaja? Padecer una minusvalía o ser diferente como Laleh y Dana era una gran desgracia. Inseparablemente unidas, han vivido 29 años sin ningún tipo de intimidad, sin ser capaces de realizar el más mínimo gesto cotidiano sin compañía. Han tenido que soportar, seguramente, el rechazo, la incomprensión y la mofa de todos aquellos que en su ignorante crueldad se burlaban de ellas. Seguramente, habrán disfrutado del amor incondicional, tanto de su familia adoptiva como de sus amigos. Un amor que les habrá permitido sobrellevar sus dificultades de mejor o peor talante, pero un amor que, finalmente, no ha sido suficiente para amortiguar sus ansias de libertad. Puedo comprender el dolor, la impotencia y la frustración que han tenido que anidar en sus corazones. ¿Cuántas veces se habrán preguntado por qué les ha tenido que tocar a ellas vivir así? ¿Cuántas habrán llorado la injusta suerte que las había unido para siempre? No creo que ignorasen que existía un alto riesgo en la operación de separación. Llevaban muchos años haciéndose pruebas y recibiendo noticias desalentadoras como para ir engañadas. Laleh y Dana aceptaron el riesgo que suponía aspirar a un futuro mejor y debemos admirarlas por ello. Sin duda, el mundo será un lugar peor sin alguien como ellas. Sus ganas de vivir debieran de ser un ejemplo para todos. Flaco favor haremos a su memoria si olvidamos que, aunque sólo fuera por unos instantes, fueron felices. Vivieron la esperanza de llegar a ser libres y estar separadas y, por poco que pueda parecernos a nosotros, ellas dieron todo lo que tenían por ello: su vida. Resulta que los partidos del Concello de Pontevedra se han puesto rápidamente de acuerdo en subir sus sueldos en un 30% y las asistencias a comisiones y plenos en un 50%. Resulta que la mayoría de los ediles no obtendrían tal estipendio por el ejercicio de sus profesiones respectivas. Resulta que la mayoría de los ciudadanos sólo hemos visto dignificado nuestro salario en un escaso 2%. Resulta que... Saquen ustedes las conclusiones oportunas. H.S. Pontevedra. Nos están diciendo continuamente que a partir de los 50 tenemos que vigilarnos y no dejar de acudir al ginecólogo. Tengo 59 años y para ir a dicho especialista, el médico de cabecera me dio un volante en febrero del 2002. Pedí la cita y me dieron para septiembre, pero un mes antes me llamaron para cambiármela para octubre. Voy a consulta el día señalado y me mandan hacer una mamografía y una citología. La primera me la hacen a los pocos días pero la segunda tardaron un tiempo. El doctor me manda hacer otra prueba el día 6 de febrero del 2003 que se llama histeroscopia. Me dicen que ya me llamarán y estamos a finales de junio y todavía no me han llamado. Esta misma mañana me puse en contacto con el hospital de el Salnés y me dicen que tengo a casi treinta personas delante y que no está previsto hacer esta prueba ni en julio ni en agosto que me llamarán después del verano. Pregunta: ¿no dicen que las listas de espera son de tres meses? Cuenten. Díganme ustedes. Si tienen que pasar casi dos años entre unas cosas y otras para, como dicen, hacer una simple revisión. Si se tienen que hacer cada año ya se me pasó el tiempo y tendré que volver a pedir la siguiente cita sin tener los resultados de las pruebas anteriores. Espero no tener nada malo porque de ser así y me marche al otro barrio, mi familia se puede querellar contra la Seguridad Social. Y de ganar el caso, ellos se irán a comer al restaurante mientras a mí me comen los gusanos. Ana Carrasco Villegas. Vilagarcía de Arousa.