EL PASADO 14 de junio arribaba al puerto de Las Palmas el patrullero de altura Petrel, de Vigilancia Aduanera. Esta vez no entraba a reparar sino para descargar la penúltima marea de cocaína -5.000 kilos-, capturada en un rico caladero localizado a mitad de camino entre las costas sudamericanas y las gallegas. El puerto natural de descarga de aquella mercancía era Vilagarcía de Arousa, donde tiene la sede el juzgado desde el que se dirigió la operación. Alguien entiende que este tipo de mercancías no crean buena imagen porque, ¡oh paradojas del destino!, se está asociando el nombre de Galicia con el narcotráfico. Pero la realidad es terca y dentro de quince días tendría que llegar al puerto arousano el Petrel con los 6.000 kilos de cocaína y los 15 detenidos en la última marea . ¿Lo volverán a desviar a última hora para Las Palmas? Es más que probable, pero la realidad no cambia, es terca.