El otro estado de la Nación

OPINIÓN

HOY, que es sábado y estamos en julio, no os daré la murga con Aznar, ni con Zapatero. Ni siquiera con Rajoy. Es que me tiene impresionado esa encuesta sobre el comportamiento sexual de los españoles. Aunque os parezca mentira, es uno de los datos políticos más relevantes del aznarismo. ¿Cómo no la habrá utilizado el señor Aznar en el último debate? Se nota que no le habían pasado esos datos. Si los tuviera, los habría incluido en su triunfal informe sobre el estado de la nación. Veamos algunos de los aspectos más relevantes. El primero es que, para gozo de los investigadores, somos un país que planifica sus acciones sexuales. Es lo que decía Anguita: «programa, programa, programa». Ya somos un pueblo metódico, analítico, reflexivo, organizado, que no deja nada a la improvisación. En tales circunstancias, nadie puede esperar de nosotros ni un vuelco político ni la tentación de la anarquía. Después, somos un país que lo hace en casa, mayormente en la cama, y sólo algunas veces en el cuarto de estar o la cocina. Nada de aventuras en ascensores, ni en el probador de unos grandes almacenes, ni en un Simca 1.000. Una nación que hace eso, y lo confiesa, es manifiestamente conservadora, de tradiciones sólidas, por mucho que en los sondeos se manifieste de centro-izquierda. Medimos la eficacia sexual por el número de veces, y eso les parece erróneo a los sexólogos, que prefieren la calidad a la cantidad. Sin embargo, es de una gran coherencia política. Aznar, por ejemplo, mide su respeto al Parlamento por el número de sesiones de control a las que acude, no por el grado de complacencia que produce a la opinión. Y el gran dato, el histórico, es que el 87 por ciento de los españoles está sexualmente satisfecho. Ya decía Camilo José Cela, académico de la Lengua, que «no es lo mismo estar jodiendo que estar jodido». Siempre hemos estado en la segunda parte de la disyuntiva, con hambres seculares de pecados de la carne. Al fin le hemos dado la vuelta a la frase de Camilo. Estamos satisfechos. Ahora sí que se puede decir y proclamar: ¡España va bien!