ESE BUEN periodista y mejor escritor que es Raúl del Pozo ha bautizado a José Luis Rodríguez Zapatero como Bambi . No sé si ha sido su influencia la que me ha llevado a resumir el debate del estado de la nación con una imagen: un cervatillo intentando disparar sobre el cazador. Es decir, los papeles invertidos. Juego que habitualmente no suele ofrecer buen resultado. Entre las innumerables versiones conocidas estos días sobre quién ganó el debate, en una noche de desvelos y el madrugón obligado del día siguiente, me sorprendió escuchar no menos de cinco referencias de otros tantos periodistas, que coincidían todos ellos en la expresión: Zapatero, al menos, ha salvado los muebles. Dicho conocido de muchos pero que raramente cabe esperar se utilice tan profusamente sin alguna causa que esos profesionales no confesaban. Es una de esas ocasiones en que, suspicaz siempre por las cordiales relaciones entre periodistas y políticos, llega uno a pensar que ha habido una consigna. Pero no puede pasar de un mal pensamiento, no se puede dudar de tantos profesionales. Al fin, un sexto periodista de reconocida trayectoria y compromiso, Camilo Valdecantos, dice lo mismo, pero aclara: Le he escuchado a un diputado del PSOE esa expresión de que su líder ha salvado los muebles. Mis sospechas de antes se acrecientan, pero seguramente sin razón. El caso es que, además, estimo que Zapatero no salvó los muebles. Para colmo, como broche de latón para su discurso, se ha enfangado en la defensa del partido como titular del escaño frente a la legítima posesión del mismo por el diputado o concejal, según acreditan la Constitución y la jurisprudencia. Aún quiere más dictadura de los partidos. En esa fuerza de los aparatos partidarios está el secreto de algunos males de la democracia española y puede estar también, si Bambi no corrige el tiro, el final del liderazgo de Zapatero. Nunca otro ha contado con tal batería de errores del contrario, y jamás administró tan mal el filón.