Escandaloso

| ERNESTO S. POMBO |

OPINIÓN

LO ESCANDALOSO de lo acontecido en la Asamblea de Madrid no es sólo la actitud de Eduardo Tamayo y de María Teresa Sáez. Que también. Lo escandaloso, lo insoportable y lo censurable, es el papel del fiscal general de Estado. Jesús Cardenal no autorizó a Jiménez Villarejo el inicio de diligencias para clarificar la trama político-inmobiliaria. Llueve sobre mojado. Hace ya tiempo que la Fiscalía de este país se ha entregado a las voluntades y necesidades del partido en el Gobierno. Hace ya tiempo que Jesús Cardenal está contagiado por un patetismo inaceptable en quien tiene la obligación de mantener abierta la ventana de la credibilidad y del amparo. Mientras asistimos estupefactos e incrédulos a la gresca madrileña, la Fiscalía General del Estado permanece impávida disfrutando de un paraíso de ensueño. Echando la mirada hacia otro lado. Como si no ocurriese lo que ocurre. Ahora que tan embelesados estamos con la sociedad norteamericana y con su presidente, por qué no nos imaginamos cuál sería la reacción de su justicia ante un escándalo como el de Madrid. Ahora que hemos sacado a España del rincón de la historia, por qué no miramos cómo actuarían en Alemania o Francia. Ahora que nos permitimos dar lecciones de ética y democracia, por qué no reflexionamos sobre lo que harían en Burundi, Tuvalu o la Martinica. La diligencia de Cardenal en investigar las actividades de Nunca Máis, o al fiscal Fernández Bermejo por criticar la puesta en marcha de los juicios rápidos, no justifica la existencia de una institución que tiene que destacar por su imparcialidad y claridad. Exactamente lo contrario de lo que viene haciendo. Y es que ya Platón, en la República , dijo que la justicia no es otra cosa que la conveniencia del más fuerte. Y así seguimos, siglos después.