EL PARLAMENTO VASCO se ha convertido, por acción del nacionalismo, en un punto de interés informativo para la opinión ciudadana, pero también para los observadores del proceso de la descentralización de los poderes públicos del Estado de las Autonomías. Entre los viejos usos forales que fueron abolidos se encuentra el pase foral. Se reunían las Juntas Generales de cada territorio foral, y podían decidir que determinadas normas procedentes de la autoridad central de España «se acatan pero no se cumplen». Esto es lo que ha sucedido en el Parlamento de Vitoria con la disposición de la Justicia sobre los malhechores del grupo batasuno. En los tiempos que corren, esta situación es una gravísima colisión entre el poder de una Cámara legislativa y el poder judicial, que además trasciende en una comunidad que no se conforma con disponer de más de lo preciso para ser un auténtico fragmento de Estado, pues cada día que pasa quiere ser una nación con su propio Estado. ¿Qué puede pasar; han calculado los protagonistas del conflicto entre poderes las consecuencias finales de sus actos? Si persiste la actitud de la Mesa del Parlamento de trasladar la decisión final a la propia asamblea de cargos electos, estos nunca aceptarán la decisión de la Justicia española, a la que a duras penas han reconocido su capacidad para operar en suelo vasco. Recuérdese que la mayoría rebelde está formada por PNV-EA, los propios batasunos e IU. Puede que la Fiscalía del Estado dé un escarmiento a los vascos del contencioso crónico, ordenando la búsqueda y captura de Atutxa y otros miembros del Parlamento; y a partir de ahí, como en el mus, sabremos quién lleva juego y quién sólo un farol. Si los vascos, encuentran eco a lo que denunciarán como ataque a la soberanía de un Parlamento, y a la inviolabilidad de sus señorías, podemos estar en un conflicto sin precedentes en la historia de las democracias. Para los que vivimos el pacto para la normalización y pacificación en Ajuria Enea, lo que está sucediendo es la clave de cómo el nacionalismo «moderado» de entonces era sólo una cara del poliedro, que miraba hacia los partidos constitucionales por ser momentos de acuerdos para avanzar en el proceso de las competencias. En cuanto vieron que aquello no daba más, giraron y pusieron la cara que no veíamos, la del acuerdo con el MLNV, que siempre les fue útil para su proyecto independentista.