Mujer, trabajo y maternidad

| YASHMINA SHAWKI |

OPINIÓN

SE HABLA estos días de la destrucción de la estructura familiar tradicional, del descenso de la natalidad, de los problemas que acarreará en el futuro la carencia de mano de obra joven que pueda soportar nuestro sistema del bienestar , etcétera. Coinciden estas críticas con la periódica publicación de las estadísticas oficiales cuyo análisis hace saltar las alarmas sobre la crisis demográfica española. Un argumento esgrimido para justificar esta crisis es el del acceso de la mujer al mundo laboral al mismo nivel que los hombres. Al trabajar fuera de casa, tener una independencia económica y, por lo tanto, una gran calidad de vida, a las mujeres, supuestamente, ya no nos apetece cargarnos con hijos que nos entorpezcan. Puede que las mujeres que tienen que trabajar ocho o más horas diarias fuera de su hogar, atienden sus labores domésticas y se encargan de llevar los niños al colegio y al médico se sientan abrumadas por la ingente tarea que tienen que acometer, pero no por ello la obvian. Como tampoco dejaron de asumirla nuestras madres, abuelas y bisabuelas. Ahora somos muchas las que trabajamos por cuenta ajena, pero antes también lo hacían. Lo que nos diferencia de nuestras antecesoras es que exigimos acceder en condiciones de igualdad a todo tipo de trabajo para el cual estemos cualificadas, que a igual trabajo se nos pague igual salario y que nuestras parejas compartan las tareas domésticas. Ya no nos resignamos a tener doble jornada, una dentro y otra fuera de casa por igual salario. Todas estas justas reivindicaciones laborales sólo han revertido en beneficio de la sociedad al permitir el acceso de una fuerza laboral capacitada y con talento que, durante mucho tiempo, estuvo muy desaprovechada. Todas sabemos que no es el hecho de compatibilizar trabajo y maternidad lo que nos frena a la hora de decidirnos a tener hijos. Lo que realmente nos detiene es que, generalmente, en el sector privado, nuestra promoción laboral se ve seriamente perjudicada cuando pedimos una baja por maternidad. Si una mujer está casada y tiene hijos, ve menguadas sus posibilidades para optar a un puesto directivo frente a un hombre en las mismas condiciones. De la falta de cooperación masculina deriva la idea de que una madre siempre estará más pendiente de su hijo que de su trabajo. Es la injusticia laboral la que desalienta la maternidad, no el trabajo en sí. Dados los niveles de natalidad, hay que preguntarse si podemos seguir así.