Desde la adversidad

| GUIDO STEIN |

OPINIÓN

19 jun 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

EN LA ÚLTIMA hora de nuestro tiempo la incertidumbre es el telar sobre el que se teje al día de cada día. A menudo no sabe uno a qué atenerse a ciencia cierta con el fin de adoptar las decisiones más adecuadas en las distintas esferas de la vida. Paradójicamente, vivir situaciones desfavorables a nuestros intereses, contrarias a nuestros deseos o sencillamente adversas, suponen un aprendizaje regalado para luego lidiar con la incertidumbre. Como con el verano suele llegar tiempo libre, ¿qué mejor momento para sugerir al lector un libro reciente, justamente, sobre algo tan íntimo a su propia naturaleza humana? Leer Desde la adversidad de Álvarez de Món puede resultarle un lujo necesario y voy a explicar por qué. Desde las primeras páginas, el autor se esconde sabiamente para dar paso a la galería de los que van a ser sus invitados: una serie de personas en las que la adversidad, el paso cambiado de la vida, ha mordido con tal fuerza que ha teñido radicalmente sus existencias, dotándolas de una reciedumbre sobre la que construir un futuro más humano, más denso; una galería de personas que, a partir de unas circunstancias verdaderamente trágicas, han recibido la oportunidad de rehacer sus tronchadas vidas. Entre los protagonistas hay directivos como John de Zulueta, consejero delegado de Sanitas; deportistas como Lance Armstrong, Reinhold Messner o Valero Rivera; no faltan líderes políticos como Havel o Mandela, aventureros a la fuerza como Gustavo Zerbino, figuras señeras como Helen Keller y actores como Christopher Reeves. Han sabido seguir adelante a pesar del cáncer, de la para o tetraplejia, de los años de cárcel, de reveses y más reveses, incluso de la ceguera y la sordera físicas más absolutas. No son líderes al uso, sino personas que a su pesar convirtieron las circunstancias adversas en el mejor nutriente de fortaleza, serenidad y entusiasmo. «El liderazgo es -advierte Álvarez de Món-, en última instancia, un fenómeno radicalmente personal y autobiográfico, de ahí que tenga una vocación universal y expansiva¿ es un proceso gradual y dinámico que tiene mucho más que ver con la acción que con la palabra¿ los dos grandes pilares que lo sostienen son el talento y el carácter¿ no puede quedar despojado de su dimensión moral¿ es un proceso permanente de aprendizaje humano». Como confiesa Zerbino, que sobrevivió a los Andes, en la tierra hay que estar preparado para lo peor, esperando siempre lo mejor. Una regla útil para pilotar también la carrera profesional, pues la autorrealización es un efecto secundario de la propia trascendencia, que surge al no buscarse a uno mismo en directo. Cuando el egoísmo miope impera, parece oportuno recordar una obviedad antropológica: sólo pierdes cuando no das todo lo que llevas dentro. A la postre, la adversidad es una llamada de atención peculiar y dura que nos enseña que una persona no llega a su plenitud mientras no forma parte de algo más grande que ella misma.